Marruecos mantiene silencio oficial ante la visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla

El silencio es el mensaje que Marruecos eligió enviar
A diferencia de 2007, cuando Mohamed VI condenó explícitamente la visita de Juan Carlos I, el Gobierno marroquí guarda silencio ante la próxima visita de Felipe VI.
Mark

¿Por qué el silencio marroquí es tan significativo aquí? ¿No es simplemente que no tienen nada que decir?

Mimi

El silencio es el mensaje. En 2007, Mohamed VI condenó explícitamente la visita de Juan Carlos I, retiró su embajador durante dos meses. Ahora, nada. Eso es una decisión política deliberada.

Luke

Pero ¿sabemos realmente qué está pensando el Gobierno? Los analistas consultados prefieren no ser identificados. ¿Cuánta certeza tenemos sobre esa "política de apaciguamiento"?

Mark

Buena pregunta. ¿Qué cambió entre 2007 y ahora que explica esta diferencia de tono?

Mimi

Dos cosas: primero, la crisis de julio fue tan grave que ambos gobiernos necesitaban estabilidad. Segundo, la nueva primera ministra Mansouri viene de un partido que ganó las elecciones enfatizando relaciones constructivas con España.

Luke

Pero Mansouri no ha mencionado Ceuta o Melilla en términos de soberanía. ¿Eso significa que Marruecos ha abandonado esa reclamación, o simplemente la está guardando para otro momento?

Mark

¿Y qué pasa con Yahya Yahya? ¿Es una voz marginal o representa algo más profundo en la sociedad marroquí?

Mimi

Es marginal en términos de poder oficial. Su comité no es reconocido por el Gobierno. Pero sus amenazas en redes sociales muestran que hay frustración real en la base.

Luke

Exacto. Y el Gobierno de Melilla anuncia acciones legales contra él. Eso es una respuesta española, no marroquí. ¿Sabemos si el Gobierno marroquí lo respalda, lo tolera, o lo desaprueba?

Mark

Entonces, ¿cuál es el riesgo real de esta visita?

Mimi

Una protesta diplomática formal, posiblemente una llamada a consultas de la embajadora. Pero según los analistas, sin ruptura de relaciones.

Luke

"Según los analistas." Pero nadie del Gobierno marroquí ha confirmado eso. Estamos leyendo las intenciones de un silencio.

  • La visita real llega apenas dos meses después de que más de 70.000 personas cruzaran en masa hacia Ceuta, una crisis que dejó la relación bilateral profundamente tensionada.
  • A diferencia de 2007, cuando Marruecos retiró a su embajador de Madrid durante casi dos meses, Rabat no ha emitido ninguna condena oficial, optando por una llamativa política de apaciguamiento.
  • La única voz de protesta audible proviene de un exsenador fronterizo cuyas amenazas de movilización popular han llevado al Gobierno de Melilla a anunciar acciones legales.
  • La nueva primera ministra Mansouri ha descrito la relación con España como 'histórica, profunda y necesaria', señalando que la estabilidad diplomática es la prioridad del nuevo ejecutivo.
  • Analistas en Rabat anticipan alguna forma de protesta diplomática conforme se acerque la fecha, pero descartan que ponga en riesgo el entendimiento bilateral vigente.

Cuando un rey visita territorios disputados, el silencio de la otra orilla puede ser tan elocuente como la protesta más ruidosa. Marruecos ha optado por no pronunciarse oficialmente ante la anunciada visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre, una actitud que contrasta con la condena explícita que Mohamed VI lanzó en 2007 tras la visita de Juan Carlos I. En el fondo de este mutismo late un cálculo político: la nueva primera ministra Fátima Mansouri y el Palacio Real parecen haber concluido que la estabilidad bilateral vale más que el gesto soberanista, al menos por ahora.

El Gobierno marroquí guardó silencio cuando se anunció que Felipe VI visitará Ceuta y Melilla el 13 y 14 de octubre. Ningún canal oficial se pronunció, una postura que contrasta radicalmente con lo ocurrido en 2007, cuando Mohamed VI condenó la visita de Juan Carlos I como un "paso contraproducente" y retiró al embajador marroquí de Madrid durante casi dos meses.

El momento es delicado: la visita llega apenas dos meses después de que más de 70.000 personas irrumpieran en Ceuta en una crisis migratoria que tensionó profundamente las relaciones entre ambos países. Analistas consultados en Rabat señalan que Marruecos probablemente presentará alguna protesta diplomática cuando se acerque la fecha, pero no esperan que ello ponga en riesgo el entendimiento actual. La actitud de "apaciguamiento" que tanto Rabat como Madrid han mantenido desde entonces refleja un consenso político que emana directamente del Palacio Real.

La reciente victoria electoral del Partido de la Autenticidad y la Modernidad trajo a Fátima Mansouri como nueva primera ministra. Su discurso inicial apunta a la estabilidad: aunque mencionó Ceuta tras su victoria, lo hizo solo para reclamar el retorno de los migrantes. "Las relaciones entre los dos países conocen a veces altibajos, pero son permanentes", declaró, subrayando su carácter "histórico, profundo y necesario".

Notablemente, la soberanía sobre Ceuta y Melilla casi desapareció del debate electoral marroquí, y el Ministerio de Exteriores —dependiente del Palacio Real— ha evitado cualquier mención oficial a los territorios. La única protesta explícita llegó de Yahya Yahya, exsenador y exalcalde de Beni Ensar, quien amenazó con movilizaciones populares desde las redes sociales. El Gobierno de Melilla ha anunciado acciones legales por sus declaraciones.

Históricamente, la visita de Felipe VI será la cuarta de un jefe de Estado español a Ceuta y la tercera a Melilla. Mientras se acerca la fecha, el silencio oficial de Marruecos revela tanto la complejidad de la relación bilateral como la apuesta política por priorizar la estabilidad sobre la confrontación simbólica.

El Gobierno marroquí ha optado por guardar silencio oficial ante el anuncio de que el rey Felipe VI visitará Ceuta y Melilla los próximos 13 y 14 de octubre. Ningún canal gubernamental se pronunció el jueves cuando se hizo público el viaje, una decisión que contrasta marcadamente con la reacción de hace casi dos décadas, cuando Mohamed VI condenó explícitamente la visita de Juan Carlos I a ambas ciudades autónomas como un "paso contraproducente" y un "acto nostálgico de una era sombría".

Analistas consultados en Rabat advierten que la visita llegará en un momento delicado. Hace apenas dos meses, más de 70.000 personas irrumpieron en Ceuta en una crisis migratoria que tensionó profundamente las relaciones bilaterales. Un responsable político y estudioso de las relaciones entre ambos países, que prefirió no ser identificado por la sensibilidad del asunto, señala que aunque Marruecos probablemente presentará alguna forma de protesta diplomática cuando se acerque la fecha, no espera que esto ponga en riesgo el entendimiento actual. "Se producirá previsiblemente algún tipo de protesta diplomática, pero no creo que se vayan a poner en peligro las relaciones", afirma.

Lo que llama la atención es la actitud de "apaciguamiento" que tanto Rabat como Madrid han mantenido desde los eventos de finales de julio. Según el mismo analista, esta política de contención refleja un consenso entre los partidos políticos marroquíes sobre cómo manejar la cuestión en la política exterior, una línea que emana directamente del Palacio Real, donde reside la autoridad sobre asuntos internacionales. El experto advierte que no se descarta una llamada a consultas de la embajadora marroquí, pero subraya que el Gobierno magrebí parece decidido a mantener la estabilidad.

La reciente victoria electoral del Partido de la Autenticidad y la Modernidad, celebrada el 23 de septiembre, ha traído a Fátima Mansouri como nueva primera ministra. Su postura inicial sugiere una priorización de la estabilidad sobre la confrontación. Aunque mencionó Ceuta al día siguiente de su victoria electoral, lo hizo únicamente para reclamar el retorno de los migrantes que cruzaron la frontera, especialmente menores de edad. Mansouri ha enfatizado que la relación con España es "histórica, profunda y necesaria" y debe ser "de alto nivel", a pesar de la crisis reciente. "Las relaciones entre los dos países conocen a veces altibajos, pero son permanentes, y la vecindad nos impone que sean de alto nivel, tanto en lo económico como en lo comercial y diplomático", declaró.

La cuestión de la soberanía sobre Ceuta y Melilla prácticamente desapareció del debate electoral marroquí, un cambio notable respecto a campañas anteriores. Dirigentes de otros partidos, como Abdelatif Uahbi del PAM y Nizar Baraka del Istiqlal, habían levantado la voz durante la crisis de julio reclamando negociaciones sobre la soberanía de ambas ciudades. Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores, que depende directamente del Palacio Real, ha evitado cualquier mención oficial a lo que la prensa marroquí denomina los "presidios ocupados".

Históricamente, la visita de Felipe VI será la cuarta de un jefe de Estado español a Ceuta y la tercera a Melilla. La anterior fue la de Juan Carlos I, que provocó la reacción más contundente de Mohamed VI: un comunicado oficial de condena acompañado de la retirada del embajador marroquí en Madrid durante casi dos meses. Antes de eso, Alfonso XIII visitó Ceuta en 1927 en el contexto del Protectorado español, y Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, viajó solo a Ceuta en 1933. Francisco Franco nunca visitó ambas plazas durante sus 39 años de dictadura.

La única expresión explícita de protesta ha venido de Yahya Yahya, exsenador y exalcalde de Beni Ensar, localidad fronteriza con Melilla. En septiembre, amenazó con movilizaciones populares, calificando la visita de "provocación". Yahya lidera el Comité Nacional para la Defensa de los Asuntos del Reino de Marruecos y su Integridad Territorial, una organización no reconocida por las autoridades que solo aparece públicamente en momentos de tensión bilateral. Sus declaraciones en redes sociales, grabadas frente al consulado español en Nador, prometieron que "los marroquíes derramaremos hasta la última gota de sangre para defender nuestra integridad territorial". El Gobierno de Melilla ha anunciado acciones legales por estas amenazas.

Mientras se acerca la fecha de la visita real, Marruecos mantiene su silencio oficial, una postura que refleja tanto la complejidad de la relación bilateral como el cálculo político de priorizar la estabilidad sobre la confrontación simbólica. Los próximos días revelarán si esa contención se mantiene o si emergen formas más visibles de desaprobación.

Se producirá previsiblemente algún tipo de protesta diplomática cuando se aproxime la visita, pero no creo que se vayan a poner en peligro las relaciones
— Analista político consultado en Rabat
La relación con España es histórica, profunda y necesaria y debe ser de alto nivel
— Fátima Mansouri, primera ministra de Marruecos
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