En el tablero geopolítico del Mediterráneo occidental, Marruecos ha dejado de actuar desde la periferia para hacerlo desde el centro. El reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental en 2020, bajo la presidencia de Donald Trump, no fue un episodio aislado: fue la señal que reordenó las ambiciones de Rabat y reactivó reclamaciones históricas sobre Ceuta y Melilla que habían permanecido en suspenso. Respaldado además por Israel en el marco de una nueva geometría regional, el reino marroquí desafía hoy un statu quo que Europa, y especialmente España, aún no sabe cómo re