En un giro que refleja la reconfiguración de alianzas en el Mediterráneo y Oriente Medio, Marruecos e Israel han decidido elevar sus vínculos al nivel de embajadas, con Washington como arquitecto silencioso del acuerdo. El movimiento sitúa a Rabat en una encrucijada histórica: mientras gestiona tensiones territoriales en Ceuta, apuesta por alinearse con la estrategia regional de la administración Trump como vía para consolidar su influencia internacional. Lo que durante años fue contacto discreto entre dos naciones se convierte ahora en presencia institucional permanente, con todo el peso simb