Marruecos aprovecha la crisis migratoria de Ceuta para airear sus agravios contra España

Aproximadamente 80.000 migrantes irregulares cruzaron la frontera de Ceuta entre el 30 y 31 de julio; casi 300 fueron detenidos y expulsados hacia el sur de Marruecos.
España redefinió unilateralmente su política migratoria sin concertación con Rabat
El núcleo del agravio marroquí: cambios legislativos y de regularización implementados sin consultar a Marruecos.
Mark

¿Por qué Marruecos permitió que 80.000 migrantes cruzaran en dos días si supuestamente gasta 500 millones anuales en control de fronteras?

Mimi

Esa es la pregunta que Rabat quería que hicieras. Dicen que alertaron a España sobre las consecuencias de la sentencia del Supremo, pero que una intervención directa habría causado daños a los migrantes. Lo que realmente importa es que usaron la crisis para visibilizar años de frustración.

Mark

¿Frustración por qué exactamente? España les da 150 millones de euros para esto.

Mimi

Porque España cambió las reglas sin pedirles permiso. Regularizó a medio millón de migrantes, cambió la ley sobre devoluciones, y mientras tanto seguía pidiendo a Marruecos que contuviera los flujos. Es como si alguien te pidiera que cierres una puerta mientras ellos abren las ventanas.

Mark

¿Y lo de Ceuta y Melilla como presidios ocupados? ¿Eso es nuevo?

Mimi

Técnicamente no es nuevo, pero sí es una ruptura. En 2022 España apoyó la posición de Marruecos sobre el Sáhara, y ambos países acordaron no hablar de soberanía territorial. Ahora el ministro de Justicia lo está sacando a la luz en plena campaña electoral.

Mark

¿Entonces esto es política electoral?

Mimi

Parcialmente. El PAM está en campaña para septiembre y necesita capitalizar el malestar nacionalista. Pero también es real: Marruecos tiene 969.000 ciudadanos en España y España depende de su cooperación migratoria. Uahbi está recordándole a España que tiene palancas.

Mark

¿Qué pasa ahora?

Mimi

Eso depende de si España toma esto como una amenaza o como una invitación a negociar. La crisis de Ceuta fue el detonante, pero los agravios llevan años acumulándose. La confrontación probablemente se intensifique antes de las elecciones marroquíes.

  • Aproximadamente 80.000 migrantes cruzaron Ceuta entre el 30 y 31 de julio
  • Marruecos gasta 500 millones anuales en control de flujos; la UE financia 150 millones
  • El ministro de Justicia marroquí reabrió el tabú de Ceuta y Melilla como 'presidios ocupados'
  • 969.000 ciudadanos marroquíes residen actualmente en España
  • Elecciones legislativas marroquíes programadas para el 23 de septiembre

Marruecos reclama que España redefinió unilateralmente su política migratoria sin concertación, mientras Rabat gasta 500 millones anuales en control de flujos que la UE financia con 150 millones. El ministro de Justicia marroquí reabre el tabú de Ceuta y Melilla como 'presidios ocupados' y cuestiona la coherencia de España al regularizar migrantes mientras pide a Marruecos contener flujos.

La crisis migratoria de Ceuta revela un memorial de agravios de Marruecos hacia España por decisiones unilaterales sobre regularización de migrantes, nacionalidad saharaui y devoluciones en caliente, sin consulta previa a Rabat.

A finales de julio, mientras los marroquíes disfrutaban del verano en las playas del norte —escapando de temperaturas que rozaban los 50 grados—, decenas de miles de migrantes irregulares irrumpieron en Ceuta en lo que se convirtió en la mayor crisis migratoria registrada en la frontera en años. Entre el 30 y el 31 de julio, aproximadamente 80.000 personas cruzaron por El Tarajal, la frontera exterior de la Unión Europea, mientras las fuerzas de seguridad españolas parecían permanecer inactivas. El sábado siguiente, la policía respondió con un despliegue masivo contra centenares de migrantes subsaharianos que intentaban forzar las vallas con ganchos y cadenas. Casi 300 fueron detenidos y expulsados en autobuses hacia el sur de Marruecos, el mismo territorio árido del que huían los veraneantes marroquíes que paseaban en chanclas por la orilla del Mediterráneo.

Pero mientras la crisis se desarrollaba en la playa, el Gobierno de Rabat estaba tejiendo una narrativa política más amplia. Las autoridades marroquíes comenzaron a trasladar, a través de diversos canales, una larga lista de quejas contra España que hasta entonces había permanecido en segundo plano. Riccardo Fabiani, director para África del Norte del International Crisis Group, observó que Marruecos no había actuado de forma proactiva durante la crisis, lo que sugería un fallo de gestión política deliberado. Los funcionarios marroquíes insistieron en que habían alertado a España sobre las consecuencias de la sentencia del Tribunal Supremo que suspendía las expulsiones inmediatas en caliente, pero reconocieron que incrementar el despliegue de seguridad en la frontera el 30 y 31 de julio habría sido inútil ante la avalancha.

El verdadero agravio, según Rabat, era más profundo. España había redefinido unilateralmente su política migratoria sin consultar con Marruecos. A finales de junio, el Gobierno español había regularizado a más de medio millón de migrantes sin papeles. A principios de julio, una sentencia del Supremo cambió el marco legal para las devoluciones en caliente. Mientras tanto, España seguía pidiendo a Marruecos que contuviera los flujos migratorios. El ministro de Justicia marroquí, Abdelatif Uahbi, expresó la frustración de forma directa: Marruecos impedía la salida de inmigrantes, pero cuando llegaban a España eran aceptados. El portal digital Barlamane, considerado próximo a los servicios de inteligencia marroquíes, agregó a esta lista de agravios la legislación que el Parlamento español estaba impulsando para conceder la nacionalidad a los saharauis nacidos bajo bandera española en el Sáhara, así como a sus descendientes directos.

La ala nacionalista de la coalición gubernamental marroquí aprovechó la crisis para amplificar estas quejas. El diario L'Opinion, órgano del Partido Istiqlal, acusó a España de intentar endosar la responsabilidad de la crisis a Marruecos con mala fe. Marruecos recibe 150 millones de euros anuales de la Unión Europea para controlar los flujos migratorios, pero sus autoridades aseguran que gastan aproximadamente 500 millones en tareas de vigilancia. El desequilibrio era evidente: España redefinía unilateralmente las condiciones de acogida mientras exigía a Marruecos que contuviera los flujos, sin haber asociado a Rabat a sus decisiones.

Uahbi, como uno de los principales líderes del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM, centro derecha), estaba en campaña para las elecciones legislativas del 23 de septiembre. Su confrontación política con España le permitía capitalizar el malestar nacionalista. Pero fue más allá de las quejas sobre política migratoria. En declaraciones al canal saudí Asharq TV, resucitó un tabú que parecía hibernado desde 2022: volvió a referirse a Ceuta y Melilla como presidios ocupados, sugiriendo que ambos países debían negociar a largo plazo el futuro estatuto de soberanía de ambas ciudades autónomas. Esta era una ruptura significativa. En 2023, España y Marruecos habían ratificado un compromiso de evitar cualquier discurso sobre las respectivas soberanías territoriales. En 2022, cuando España cambió su posición sobre el Sáhara Occidental a favor de la tesis de autonomía que propugna Rabat, la diplomacia española había llegado a entrever un reconocimiento implícito de soberanía marroquí sobre ambas plazas.

Ahora, cuatro años después, Uahbi estaba reabriendo esa herida. Con 969.000 ciudadanos marroquíes residiendo en España, y con una dependencia española de la cooperación migratoria marroquí para garantizar el bloqueo de las puertas de Europa, el mensaje era claro: Marruecos podía ejercer presión. La crisis de Ceuta había servido como catalizador para que Rabat expresara públicamente lo que había estado callando: que España había actuado de forma unilateral, sin concertación, en asuntos que afectaban directamente a Marruecos. Y mientras la campaña electoral se acercaba, esa confrontación política prometía intensificarse.

La política incoherente de pedir a Rabat que controle la inmigración mientras regulariza a más de medio millón de sin papeles está causando problemas a Marruecos
— Abdelatif Uahbi, ministro de Justicia de Marruecos
Esta situación me lleva a pensar en un fallo de gestión política
— Riccardo Fabiani, director para África del Norte del International Crisis Group
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