En Oslo, la despedida del rey Harald V —quien gobernó Noruega durante 52 años— no solo convocó a dignatarios y casas reales europeas, sino que también puso en primer plano una pregunta más íntima y universal: cómo una familia, incluso una coronada, decide a quién pertenece su círculo en los momentos más solemnes. La presencia de Marius Borg, hijo de la princesa Mette-Marit con antecedentes penales, recordó que las monarquías modernas no escapan a las complejidades de la vida familiar, y que el protocolo rara vez alcanza para contener la humanidad que lo rodea.