Maricarmen inspira a 20 asociaciones europeas en lucha por vivienda digna

Maricarmen, mujer de 87 años, fue desahuciada de su vivienda y trasladada al hospital en camilla ante la presencia de activistas que intentaban impedirlo.
Hay muchas Maricarmen en todas partes
Federico Tomasone, analista político, resume por qué el desahucio de una mujer de 87 años en Madrid se convirtió en símbolo europeo.
Mark

¿Por qué el desahucio de una mujer de 87 años en Madrid movilizó a activistas de toda Europa?

Mimi

Porque Maricarmen no era un caso aislado. Estos activistas ya estaban en Madrid para una cumbre de su red europea de vivienda. Cuando vieron el desalojo, reconocieron su propia lucha: alquileres sin control, fondos buitre, vivienda social privatizada. Era el mismo problema en Londres, Lisboa, Berlín.

Luke

Pero espera. ¿Cuántos de esos 200 activistas realmente estaban en Madrid antes del desahucio, y cuántos llegaron después por las redes sociales? El artículo dice que vinieron a contraprogramar la feria inmobiliaria, así que algunos ya estaban. Pero no queda claro si todos.

Mark

¿Qué esperan que suceda ahora?

Mimi

Que el movimiento se replique en sus ciudades. Mamede quiere llevar "lo de Sol" a Lisboa. En Berlín, Die Linke ganó las elecciones con promesas de expropiar 200.000 pisos. En Londres ya prohibieron los desalojos sin causa. Ven a Maricarmen como un catalizador.

Luke

Pero eso son esperanzas, no resultados. Die Linke ganó, sí, pero aún negocia coalición. Portugal acaba de eliminar límites de alquiler, lo opuesto a lo que quieren. Y el decreto español aún no llega al Consejo de Ministros. Son promesas, no victorias.

Mark

¿Qué tienen en común todos estos movimientos?

Mimi

Ven que el mercado inmobiliario no responde a las necesidades reales. Fondos buitre comprando viviendas, precios que suben sin control, gente expulsada de sus hogares. Es un problema sistémico que atraviesa toda Europa.

Luke

Cierto, pero los contextos son muy distintos. Inglaterra tiene una ley nueva de derechos de inquilinos. Berlín tiene un partido de izquierda ganador. Portugal acaba de liberalizar más. España está debatiendo un decreto. No es lo mismo estar ganando que estar perdiendo.

Mark

¿Cree la gente que esto puede cambiar algo realmente?

Mimi

Sí. Vogel dice que hay más inquilinos que empresas inmobiliarias, solo necesitan tomar conciencia de su poder. Mamede lloró de emoción viendo a cientos de personas dispuestas a pasar la noche en la calle juntas. Eso es lo que les da esperanza.

Luke

La emoción es real, pero la pregunta es si se traduce en poder político. Una acampada inspira, pero ¿cuántos de esos activistas seguirán organizados en sus ciudades en tres meses? ¿Cuántos conseguirán cambios legislativos reales? Eso es lo que aún no sabemos.

  • Doscientos activistas de más de 20 países europeos acampan en Sol tras el desahucio de Maricarmen, mujer de 87 años
  • La Coalición Europea de Acción por el Derecho a la Vivienda celebraba su cumbre en Madrid cuando ocurrió el desalojo
  • Inglaterra prohibió desalojos sin causa justificada el 1 de mayo de 2025; Die Linke ganó en Berlín con promesa de expropiar 200.000 pisos
  • Los activistas identifican problemas comunes: fondos buitre, alquileres sin control, venta de vivienda social a empresas privadas

Activistas de Irlanda, Alemania, Portugal, Francia y otros países acampan en Sol tras presenciar el desahucio de una mujer de 87 años, viéndolo como momento histórico para la causa. La Coalición Europea de Acción por el Derecho a la Vivienda coordina movimientos que comparten problemas comunes: fondos buitre, subidas de alquiler sin control y venta de vivienda social a empresas privadas.

El desahucio de Maricarmen en Madrid moviliza a 200 activistas de más de 20 países europeos que ven en su caso un punto de inflexión para coordinar la lucha por el derecho a la vivienda en todo el continente.

Doscientos activistas de más de veinte países europeos llegaron a Madrid con un propósito claro: contraprogramar una de las ferias inmobiliarias más importantes del continente. Lo que encontraron fue algo que ninguno de ellos esperaba: una mujer de 87 años a punto de perder su hogar. Cuando vieron a Maricarmen siendo sacada de su casa en camilla y trasladada al hospital, algo cambió. Lo que comenzó como una protesta contra un desalojo se convirtió en un punto de convergencia para activistas de Irlanda, Alemania, Portugal, Francia, Inglaterra, Grecia, Rumanía, Suiza y otros países, todos acampando frente a la Puerta del Sol, la sede del Gobierno madrileño, convencidos de que estaban presenciando un momento histórico.

Nadz Vogel, miembro del Sindicato de Inquilinos de Londres, llegó a Madrid el miércoles pasado. Antes de subir al avión de regreso, vio en redes sociales cómo la policía sacaba a Maricarmen de su casa. El activista de 29 años reconoció en esa imagen algo que ya había vivido hace dos semanas: el desalojo de una mujer de 71 años en un barrio de la capital inglesa, al que tampoco pudieron frenar. "Nos arrastraron, nos empujaron. Es un tipo de violencia que conocen bien inquilinos de todo el mundo", reflexionó. Para Vogel, el caso de Maricarmen no era un acontecimiento aislado sino un espejo de realidades compartidas: alquileres que suben sin control, fondos buitre promoviendo viviendas de lujo inaccesibles, vivienda social vendida a empresas privadas, personas expulsadas de sus hogares.

Vogel llegaba a Madrid con noticias esperanzadoras de su propio país. El 1 de mayo, Inglaterra había entrado en vigor la prohibición definitiva de los desalojos sin causa justificada, una medida que formaba parte de la Ley de los Derechos de los Inquilinos, aprobada en otoño de 2025. Esperaba que España viviera un día igualmente histórico cuando el decreto de vivienda llegara al Consejo de Ministros el martes. "Necesitamos un movimiento masivo de inquilinos porque, en realidad, somos muchos más nosotros que ellos", decía, refiriéndose a las empresas inmobiliarias y los fondos de inversión. "Lo único que necesitamos es tomar conciencia de ese poder".

El sindicato de Vogel formaba parte de la Coalición Europea de Acción por el Derecho a la Vivienda y a la Ciudad, la red que coordinaba movimientos sociales en todo el continente. Precisamente esa semana celebraban su cumbre en Madrid. Varios de sus miembros habían dormido en Sol, debatiendo el domingo si alargar su estancia para ver hasta dónde llegaba la protesta. Se sentían inspirados, más fuertes que cuando habían llegado. Teresa Mamede, jurista y miembro del Sindicato de Inquilinas de Lisboa, estaba entre los que habían estado en la barricada humana frente al portal el día del desahucio. "Estábamos muy rabiosas por lo que pasó. Y lo bonito, lo fuerte, es que organizamos esa rabia, la canalizamos", recordaba la activista de 31 años, con lágrimas en los ojos mientras miraba a sus compañeros de otros países y a las camisetas naranjas del Sindicato de Inquilinas en España. "No es solo Maricarmen. Todas estamos pasando por esto, en todos los países", decía. Mamede regresaría a Lisboa determinada a llevar "lo de Sol" a su ciudad, especialmente después de que el Gobierno portugués impulsara ese verano una reforma que eliminaba los límites al precio de los nuevos contratos de alquiler.

En Berlín, la perspectiva era ligeramente más esperanzadora. Aunque alquilar un piso en la capital alemana se había encarecido casi un 70% en los últimos diez años, el partido Die Linke (La Izquierda) se había alzado como el más votado en la ciudad con una campaña centrada en la lucha contra los elevados precios de la vivienda. Su líder, Elif Eralp, podría convertirse en la primera alcaldesa de Berlín de la formación izquierdista si llegaba a un acuerdo de coalición. Ronja Senkpiel, de 31 años, explicaba desde la Puerta del Sol: "Estamos muy contentos de que haya ganado, porque también lo hizo defendiendo nuestra reivindicación de expropiar a las grandes empresas inmobiliarias de Berlín". El partido había prometido expropiar más de 200.000 pisos en manos de grandes inmobiliarias y que su control lo asumiera la Administración. "Ahora todo depende de cómo terminen las negociaciones y de si nuestra demanda se llevará a cabo o no", añadía.

Lo que unía a todos estos activistas era la convicción de que Maricarmen era un símbolo de problemas compartidos y que la lucha tenía que ser conjunta. Federico Tomasone, analista político en la Fundación Rosa Luxemburgo, también presente en la protesta pacífica, lo resumía así: "Lo que está ocurriendo aquí es una señal para toda Europa. La gente está realmente harta. Existe un enorme desequilibrio entre lo que ofrece el mercado y las necesidades reales de la población. Hay muchas Maricarmen en todas partes". Los cientos de personas acampando en Sol le daban esperanza de que esta vez fuera distinto, de que el movimiento español pudiera replicarse en ciudades de todo el continente.

Nunca había visto que un desahucio en España apareciera en las noticias de Inglaterra. Y ahora todo el mundo está hablando de ello
— Nadz Vogel, Sindicato de Inquilinos de Londres
No es solo Maricarmen. Todas estamos pasando por esto, en todos los países. Y ver que las personas están unidas aquí, dispuestas a pasar la noche en la calle, juntas, es una gran demostración del poder que tenemos
— Teresa Mamede, Sindicato de Inquilinas de Lisboa
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