En medio de una época donde la incertidumbre se ha vuelto constante, la psiquiatra Marian Rojas Estapé recuerda una verdad antigua con respaldo científico moderno: aunque el mundo exterior escapa a nuestro dominio, la forma en que lo interpretamos y respondemos a él sigue siendo nuestra. Esta distinción —entre lo que nos ocurre y lo que elegimos hacer con ello— no es resignación, sino el fundamento de la resiliencia. Desde la biología del cortisol hasta la epigenética, la ciencia confirma que nuestra vida interior moldea, literalmente, nuestra salud y nuestro destino.
Marian Rojas: "No podemos controlar todo, pero sí cómo respondemos a ello"
No podemos controlar lo que nos sucede, pero sí cómo respondemos
¿Por qué esta idea de Rojas Estapé resuena tanto ahora? Parece casi obvia.
Porque vivimos en una época donde intentamos controlar todo—nuestras carreras, nuestros cuerpos, incluso nuestras emociones. Cuando algo se escapa, entramos en pánico. La frase nos da permiso para soltar lo imposible.
Pero hay que ser cuidadoso aquí. ¿Cuánto de nuestra respuesta emocional es realmente una elección consciente? La neurobiología sugiere que muchas reacciones son automáticas.
Cierto, pero Rojas Estapé no dice que sea instantáneo. Habla de entrenar la voluntad, de desarrollar hábitos. Es un proceso.
¿Y qué pasa con las personas que están en crisis real—depresión severa, trauma? ¿Decirles que elijan su actitud no es un poco cruel?
No, porque ella aclara que no se trata de negar el dolor ni reprimir emociones. Es reconocerlas, aceptarlas, y luego actuar desde ahí.
El problema es que el artículo cita a Rojas Estapé pero no ofrece estudios específicos sobre qué tan efectivo es este enfoque en poblaciones clínicas. El cortisol y la epigenética se mencionan, pero sin referencias concretas.
¿Entonces es más filosofía que ciencia?
Es ambas cosas. La filosofía da forma, la ciencia la valida. Lo que importa es que funciona para muchas personas.
Funciona para algunas personas, en algunas circunstancias. Eso es diferente. Y el artículo no distingue entre eso.
¿Cuál es el primer paso real que alguien debería tomar si quiere aplicar esto?
Conocerse. Identificar qué está en tu control y qué no. Eso solo ya cambia todo.
Der Puls
- La vida puede derrumbarse sin aviso —un despido, una enfermedad, un plan roto— y la sensación de impotencia que sigue puede volverse paralizante si no se gestiona con conciencia.
- Sostener pensamientos negativos de forma prolongada dispara el cortisol, debilitando el sistema inmunológico, fragmentando el sueño y erosionando la memoria, con consecuencias físicas reales y medibles.
- Rojas Estapé propone redirigir la energía: en lugar de luchar contra lo incontrolable, cultivar la interpretación, el propósito y la actitud como herramientas activas de bienestar.
- El camino hacia la resiliencia pasa por el autoconocimiento, la reducción de la autocrítica, el ejercicio, la meditación y el apoyo de vínculos humanos genuinos.
- La ciencia —desde la neurobiología hasta la epigenética— respalda que la actitud no es solo filosofía: moldea la biología y puede inclinar la balanza entre la enfermedad y la salud.
En medio de una época donde la incertidumbre se ha vuelto constante, la psiquiatra Marian Rojas Estapé recuerda una verdad antigua con respaldo científico moderno: aunque el mundo exterior escapa a nuestro dominio, la forma en que lo interpretamos y respondemos a él sigue siendo nuestra. Esta distinción —entre lo que nos ocurre y lo que elegimos hacer con ello— no es resignación, sino el fundamento de la resiliencia. Desde la biología del cortisol hasta la epigenética, la ciencia confirma que nuestra vida interior moldea, literalmente, nuestra salud y nuestro destino.
Hay momentos en que la vida se desmorona sin previo aviso: un despido inesperado, una enfermedad que irrumpe, un plan que se desvanece. La psiquiatra Marian Rojas Estapé ha dedicado años a estudiar cómo las personas atraviesan estas crisis, y su conclusión es tan sencilla como profunda: no controlamos lo que nos sucede, pero sí podemos elegir cómo respondemos. Esta idea toca el corazón de la resiliencia en una época donde la incertidumbre es la única certeza.
Su propuesta no es un llamado a ignorar el dolor ni a resignarse. Es una invitación a reconocer que existen fuerzas completamente fuera de nuestro alcance —el clima, la economía, las decisiones ajenas— y que gastar energía intentando controlarlas solo genera frustración. Lo que sí está en nuestras manos es vasto: cómo interpretamos lo que ocurre, qué significado le asignamos, con qué actitud enfrentamos los desafíos.
La ciencia respalda esta perspectiva más allá de la motivación superficial. Los pensamientos negativos sostenidos activan una alerta permanente en el organismo, disparando el cortisol. Este exceso debilita el sistema inmunológico, fragmenta el descanso y erosiona la memoria. Cultivar pensamientos más equilibrados, en cambio, crea un entorno donde el cuerpo funciona con mayor armonía. La epigenética añade otro nivel: las vivencias pueden influir en la expresión de nuestros genes, y el estrés crónico está vinculado a un mayor riesgo de enfermedades. Esto no es poesía; es biología.
Desarrollar resiliencia requiere trabajo deliberado. Rojas Estapé propone conocerse mejor, construir una autoestima realista, reducir la autocrítica y abandonar la búsqueda obsesiva de la perfección. Fijar objetivos claros aporta propósito y mantiene viva la motivación incluso en los momentos más difíciles. A esto se suman hábitos corporales —ejercicio, meditación, mindfulness— y la importancia de rodearse de personas que aporten apoyo genuino. La resiliencia no se construye en soledad: florece cuando aceptamos nuestras emociones sin dejar que dirijan nuestras decisiones, y cuando elegimos vivir con propósito, movimiento y conexión humana.
Hay momentos en la vida en los que todo se desmorona sin previo aviso. Un despido llega sin esperarlo. Una enfermedad irrumpe en la rutina. Un plan cuidadosamente trazado se desvanece. La psiquiatra Marian Rojas Estapé ha dedicado años a estudiar cómo las personas navegan estas aguas turbulentas, y su conclusión es deceptivamente simple: no podemos controlar lo que nos sucede, pero sí podemos elegir cómo respondemos a ello. Esta idea, que suena casi demasiado accesible para ser verdadera, toca el corazón de lo que significa ser resiliente en una época donde la incertidumbre es la única certeza.
La propuesta de Rojas Estapé no es un llamado a la resignación ni a ignorar el dolor. Al contrario, invita a reconocer que existen fuerzas completamente fuera de nuestro alcance—el clima, la economía global, las decisiones ajenas, el pasado—y que gastar energía intentando controlarlas solo genera frustración y una sensación paralizante de impotencia. Pero aquello que sí está en nuestras manos es vasto: cómo interpretamos lo que ocurre, qué significado le asignamos, la actitud con la que nos enfrentamos a los desafíos. Esta distinción entre lo controlable y lo incontrolable es el punto de partida para construir una vida más equilibrada.
La ciencia respalda esta perspectiva de formas que van más allá de la motivación superficial. Los pensamientos negativos sostenidos en el tiempo activan un estado de alerta permanente en el organismo, disparando la producción de cortisol, la hormona del estrés. Este exceso de cortisol no es un mero incómodo—debilita el sistema inmunológico, fragmenta el descanso nocturno, erosiona la memoria y tiñe el estado de ánimo de tonos grises. Por el contrario, cultivar pensamientos más equilibrados y esperanzadores crea un entorno mental donde el cuerpo puede funcionar de manera más armoniosa. La relación entre mente y organismo es tan íntima que nuestras interpretaciones literalmente moldean nuestra biología.
Rojas Estapé señala que la felicidad no es un regalo que el mundo exterior nos hace o nos niega. Depende también, y de manera significativa, de cómo procesamos nuestras experiencias y construimos nuestra realidad interior. Conceptos como la epigenética—que estudia cómo las vivencias pueden influir en la expresión de nuestros genes—ofrecen un marco científico para entender por qué la actitud importa tanto. El estrés crónico, por ejemplo, está vinculado a un mayor riesgo de enfermedades. Esto no es poesía; es biología.
Desarrollar una actitud resiliente requiere trabajo deliberado. Rojas Estapé propone comenzar por conocerse mejor: identificar fortalezas y limitaciones, construir una autoestima sólida sobre bases realistas. Recomienda reducir la autocrítica excesiva y abandonar la búsqueda obsesiva de la perfección, que suele convertirse en una fuente inagotable de insatisfacción. Fijar objetivos claros es esencial—tener un propósito aporta motivación y mantiene viva la ilusión incluso cuando todo parece complicado. Entrenar la voluntad, mejorar la asertividad, desarrollar la inteligencia emocional mediante un lenguaje más positivo y esperanzador son herramientas concretas.
Pero la resiliencia no vive solo en la mente. Rojas Estapé enfatiza la importancia de hábitos corporales: el ejercicio físico, la meditación, el mindfulness. Estos no son lujos; son pilares. Igualmente crucial es rodearse de personas que aporten apoyo genuino y bienestar emocional. La resiliencia no es un rasgo que se desarrolla en soledad. Es una capacidad que florece cuando reconocemos tanto lo que no podemos cambiar como lo que sí, cuando aceptamos nuestras emociones sin permitir que dirijan nuestras decisiones, y cuando construimos una vida con propósito, movimiento y conexión humana.
Bemerkenswerte Zitate
Esta forma de entender la resiliencia no implica negar el dolor ni reprimir las emociones. Al contrario, consiste en reconocerlas, aceptarlas y actuar de forma consciente para que no sean ellas quienes dirijan nuestras decisiones— Marian Rojas Estapé
Los pensamientos negativos mantenidos en el tiempo pueden favorecer un estado de alerta permanente que incrementa la producción de cortisol, conocida como la hormona del estrés— Marian Rojas Estapé