Desde la antigua sabiduría de Séneca hasta la consulta clínica de la psiquiatra Marian Rojas Estapé, una misma pregunta recorre la experiencia humana: ¿por qué algunos parecen atraer la fortuna mientras otros la ven pasar de lejos? La respuesta que emerge no apela al azar ni al destino, sino a una confluencia deliberada entre preparación y percepción. La suerte, en esta lectura, no es un don que se recibe, sino una capacidad que se cultiva con estudio, atención y la voluntad de reconocer el momento cuando este llega.
Marian Rojas: «La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad»
La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad
¿Por qué Rojas insiste tanto en que la suerte no es aleatoria? ¿Qué la llevó a investigar esto?
Observó en su consulta que algunos pacientes parecían vivir vidas llenas de oportunidades mientras otros acumulaban dificultades. Comenzó a investigar qué los diferenciaba y descubrió que no era el azar, sino la preparación y la capacidad de reconocer oportunidades.
Pero eso es una observación clínica, no una investigación sistemática. ¿Cuántos pacientes? ¿Qué metodología usó? El artículo no lo especifica.
Entiendo. Entonces la idea es que si te preparas, verás más oportunidades. ¿Pero no hay gente que se prepara y aun así no le va bien?
Claro que existe eso. Pero Rojas distingue entre las circunstancias externas que no controlamos y nuestra capacidad de respuesta. Incluso en contextos difíciles, quien está preparado puede identificar y aprovechar lo que sí está disponible.
Eso es verdad, pero el artículo no aborda la realidad de las barreras estructurales. Hay personas que se preparan enormemente y aun así enfrentan obstáculos que van más allá de la percepción.
¿Y qué papel juega la tecnología en todo esto?
Rojas señala que las pantallas inhiben el sistema reticular activador del cerebro, ese mecanismo que detecta oportunidades. La vida virtual ofrece gratificaciones instantáneas diseñadas para ser adictivas, lo que distrae de las oportunidades reales.
Eso es una afirmación fuerte. ¿Hay investigación neurocientífica que lo respalde? El artículo lo presenta como hecho establecido, pero no cita estudios específicos.
¿Entonces qué debería hacer alguien que quiere mejorar su situación?
Según Rojas: estudiar, visualizar objetivos claros, practicar gratitud, rodearse de personas positivas, y ver los errores como aprendizaje, no como fracaso.
Eso es un consejo sólido y accesible. Lo que no está claro es cuánto de esto es aplicable a alguien que enfrenta pobreza extrema o discriminación sistémica. El artículo habla de actitud y percepción, pero no de contexto.
O Pulso
- La pregunta que inquieta a quienes observan las vidas ajenas —¿por qué a unos les va bien y a otros no?— tiene una respuesta que incomoda: la diferencia rara vez está en el azar.
- Rojas advierte que prepararse no basta si no se desarrolla también la capacidad de percibir las oportunidades, un entrenamiento que muchos descuidan por completo.
- Las pantallas y la tecnología emergen como el obstáculo más silencioso: al mantener el cerebro atrapado en gratificaciones instantáneas, debilitan el mecanismo que detecta lo relevante en el mundo real.
- La propuesta de Rojas no es optimismo vacío, sino un programa concreto: objetivos alcanzables, gratitud activa, aprendizaje del error y un entorno social que eleve en lugar de limitar.
- El horizonte que se dibuja es una redefinición radical de la suerte: no algo que ocurre a otros, sino algo que se construye pieza a pieza, con estudio y atención sostenida.
Desde la antigua sabiduría de Séneca hasta la consulta clínica de la psiquiatra Marian Rojas Estapé, una misma pregunta recorre la experiencia humana: ¿por qué algunos parecen atraer la fortuna mientras otros la ven pasar de lejos? La respuesta que emerge no apela al azar ni al destino, sino a una confluencia deliberada entre preparación y percepción. La suerte, en esta lectura, no es un don que se recibe, sino una capacidad que se cultiva con estudio, atención y la voluntad de reconocer el momento cuando este llega.
Marian Rojas Estapé, psiquiatra, ha puesto sobre la mesa una pregunta que muchos se hacen en silencio: ¿por qué algunas personas parecen tener suerte mientras otras acumulan dificultades? Su respuesta no invoca el azar ni el destino. Se apoya en una frase de Séneca que ha marcado su pensamiento: «La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad». Quien estudia, se prepara y visualiza sus objetivos desarrolla una capacidad superior para reconocer las oportunidades cuando estas aparecen. La suerte, en esta lectura, no es un privilegio de pocos, sino algo que puede construirse.
Esta reflexión nace de su propia observación clínica. Tras escuchar durante años historias que parecían envueltas en fortuna y otras cargadas de drama, Rojas comenzó a investigar qué distinguía a unos de otros. Lo que encontró fue que las circunstancias externas, aunque reales, no son el factor determinante. Lo crucial es desarrollar dos capacidades: la preparación —sin conocimientos ni herramientas, una oportunidad pasa de largo como un tren al que no sabes cómo subir— y la percepción, ese entrenamiento para identificar lo relevante cuando aparece ante ti.
Rojas señala un obstáculo moderno que merece atención: las pantallas inhiben el sistema reticular activador, el mecanismo cerebral que rastrea el entorno en busca de lo importante. Las gratificaciones instantáneas diseñadas para ser adictivas capturan la atención y comprometen la capacidad de detectar oportunidades reales. Frente a eso, propone cultivar la gratitud, fijar objetivos concretos, aprender de los errores y cuidar el círculo de personas que nos rodea. La suerte, concluye, es el resultado de estar listo cuando llega el momento.
Marian Rojas Estapé, psiquiatra, ha planteado una pregunta que atraviesa la experiencia de cualquiera que observe las vidas ajenas: ¿por qué algunos parecen tener suerte mientras otros acumulan dificultades? La respuesta que ofrece no invoca el azar ni el destino, sino algo más accesible: la confluencia deliberada entre preparación y oportunidad.
En un vídeo compartido en redes sociales, Rojas recurre a una frase de Séneca que ha marcado su pensamiento: «La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad». No se trata de una afirmación sobre el destino, sino sobre la responsabilidad. Si deseas que algo positivo suceda en tu vida, dice, tienes que estudiar, prepararte, visualizar lo que quieres. Quien se prepara, quien estudia, quien cultiva una imagen clara de sus objetivos, desarrolla una capacidad superior para percibir las oportunidades cuando estas se presentan. La suerte, en esta lectura, no es algo que ocurra a ciertas personas privilegiadas, sino algo que puede construirse.
La psiquiatra explica que esta reflexión nace de su propia observación clínica. En su consulta ha escuchado historias que parecían envueltas en fortuna y otras que parecían cargadas de drama. Hace años comenzó a investigar sistemáticamente qué distinguía a unos de otros. Lo que encontró fue que las circunstancias externas, aunque existen y escapan al control, no son el factor determinante. Lo crucial es desarrollar la capacidad de reconocer y aprovechar lo que la vida presenta.
Esta capacidad descansa en dos pilares. El primero es la preparación misma: de poco sirve que una oportunidad aparezca si careces de los conocimientos, las herramientas o la experiencia para usarla. Es como si un tren pasara frente a ti pero no supieras cómo subir. El segundo es la percepción. Incluso estando preparado, puedes dejar pasar una oportunidad si no tienes el entrenamiento para identificarla cuando llega. Prepararse, entonces, incluye aprender a observar, a prestar atención a lo que sucede alrededor.
Rojas señala un obstáculo moderno que merece atención: la tecnología y las pantallas. Estas actúan como inhibidores del sistema reticular activador, ese mecanismo cerebral que rastrea el entorno en busca de lo relevante. Las cosas buenas suceden en la vida real, pero la vida virtual funciona mediante gratificaciones instantáneas, mediante esos impulsos de dopamina diseñados específicamente para ser adictivos. Cuando la atención está capturada por las pantallas, la capacidad de detectar oportunidades reales se ve comprometida.
Desde esta perspectiva, desarrollar una buena actitud ante la vida no significa negar los problemas, sino gestionarlos desde una posición más resiliente. La gratitud juega un papel central: dirigir la atención hacia lo positivo, valorar lo pequeño, en lugar de fijarse constantemente en las carencias. Los objetivos concretos y alcanzables mantienen la motivación orientada. Los logros progresivos refuerzan la confianza. El círculo de personas que te rodea influye considerablemente en cómo piensas. Y los errores, lejos de ser fracasos definitivos, son material de aprendizaje si los examinas con cuidado.
Lo que Rojas propone es una redefinición práctica de la suerte: no como algo que sucede a otros, sino como algo que se cultiva. No requiere esperar pasivamente a que las cosas cambien. Requiere estudio, atención, preparación deliberada y la capacidad de ver las oportunidades cuando estas se cruzan en tu camino. La suerte, en esta lectura, es el resultado de estar listo cuando llega el momento.
Citações Notáveis
Si tú quieres que algo bueno te suceda, estudia, prepárate— Marian Rojas Estapé
El que se prepara, el que estudia, el que visualiza lo que quiere, es capaz de percibir mucho mejor las oportunidades— Marian Rojas Estapé