En el corazón de la vida social madrileña, María Fitz-James Stuart orquesta los eventos más codiciados de la ciudad, tejiendo redes de influencia para las grandes casas de moda. Desde esa cúspide privilegiada, ha observado cómo el deseo de pertenencia lleva a las personas a extremos inquietantes: identidades falsas, flores como soborno, correos que rozan la amenaza. Su historia es, en el fondo, una meditación sobre la paradoja del lujo: quien más acceso tiene a todo, descubre que lo más valioso es lo que no puede comprarse ni conseguirse con ninguna invitación.