Durante más de cuatro décadas, María Adrover sostuvo dos mundos con las mismas manos: las habitaciones de un hotel en Mallorca y el cuidado de un marido que el cáncer y el alzheimer fueron borrando lentamente. Su historia no habla solo de resistencia, sino de cómo el trabajo puede ser refugio y no huida, y de cómo el apoyo —familiar, laboral, humano— convierte lo insoportable en algo que puede llevarse. A los 65 años, al borde de la jubilación, Adrover no llega exhausta sino con paz: la de quien ha estado presente para todos sin perderse a sí misma.
María Adrover: 44 años en hotelería, 6 cuidando a su marido enfermo y ahora hacia la jubilación
Su marido falleció hace dos años tras seis años padeciendo cáncer y alzheimer, durante los cuales Adrover fue su principal cuidadora mientras trabajaba a tiempo completo.