En los pliegues diminutos del cerebro de una mosca de la fruta, un equipo internacional de neurocientíficos ha encontrado un espejo donde contemplar la gran pregunta de cómo la biología moldea el comportamiento. Al reconstruir en tres dimensiones las 124 millones de conexiones del cerebro masculino de Drosophila y compararlo con el mapa femenino ya existente, los investigadores descubren que la diferencia entre dos seres de la misma especie puede residir en apenas un cinco por ciento de sus células nerviosas. Este hallazgo, publicado en Cell, sugiere que la identidad conductual —el cortejo, la