Casi una década después de su fundación, Manzana Verde —la startup peruana de alimentación saludable— ha alcanzado ese umbral que separa la promesa de la madurez: la rentabilidad. Desde Lima, y con presencia en México y Colombia, la empresa no solo sostiene sus operaciones sino que ahora proyecta multiplicar su facturación hacia los diez millones de dólares en 2027, apostando por una red de franquicias físicas que complemente su ADN digital. Es la historia de un modelo que aprendió a sobrevivir y ahora ensaya cómo crecer.