Mandos de Policía y Guardia Civil intentan alterar el sistema vasco de seguridad, denuncia Ertzaintza

Buscan una oportunidad para recuperar una posición que no les corresponde legalmente
El consejero describe el patrón recurrente de mandos de Policía Nacional y Guardia Civil intentando expandir sus competencias en Euskadi.
Mark

¿Por qué insiste tanto en que esto es una cuestión política y no operativa?

Mimi

Porque si lo tratamos como un problema de seguridad, como si fuera sobre quién detiene a quién, perdemos de vista lo real. Lo real es que hay mandos que están usando cada oportunidad para recuperar competencias que el Estatuto de Gernika les quitó hace casi cincuenta años.

Mark

Pero ¿no es legítimo que la Policía Nacional quiera trabajar en Euskadi? Son fuerzas del Estado.

Mimi

Claro que es legítimo que trabajen. Nadie discute eso. Lo que discutimos es el alcance. Tienen funciones específicas: extranjería, delitos contra la seguridad del Estado, cosas así. Pero cada vez que pueden, intentan expandirse. Y eso debilita el modelo que hemos construido aquí.

Mark

¿Y por qué el Ministerio del Interior permite que esto siga ocurriendo?

Mimi

Porque el Ministerio quita importancia a estas actuaciones. Dice que no es nada, que son casos aislados. Pero no son aislados. Son sistemáticos. Cada vez que hay una ley nueva, sucede lo mismo.

Mark

Volviendo a la final del Mundial. ¿Realmente cree que el operativo fue el correcto?

Mimi

Teníamos dos opciones. Una era llenar el país de policías. La otra era tener los efectivos preparados para reaccionar. Elegimos la segunda. Eso no significa que todo fuera perfecto. Pero significa que hicimos lo que teníamos que hacer.

Mark

¿Y los menores de Ceuta? ¿Cómo se resuelve eso?

Mimi

Con corresponsabilidad. Marruecos tiene que asumir su responsabilidad sobre sus ciudadanos, especialmente los menores. No podemos simplemente incorporarlos a nuestros centros y esperar que todo se resuelva. Está en juego el futuro de miles de niños.

Mark

¿Qué le preocupa más: los conflictos con Madrid o la saturación de los centros de acogida?

Mimi

Las dos cosas están conectadas. Si no resolvemos el conflicto político con Madrid, no tenemos claridad sobre qué recursos necesitamos. Y si no tenemos claridad, los centros se saturan. Todo está entrelazado.

  • La imagen de una representante institucional enfrentándose sola a agresores mientras no había policías cerca se convierte en el detonante de una crisis de credibilidad para la Ertzaintza.
  • El consejero defiende la estrategia reactiva frente a la preventiva, pero la tensión crece cuando la Policía Nacional realiza detenciones que él considera una invasión de competencias autonómicas.
  • Lo que parecía un debate sobre un operativo concreto escala rápidamente hacia un conflicto político estructural: mandos estatales acusados de usar los arrestos para ampliar su presencia en territorio vasco.
  • El consejero advierte que esta disputa no es nueva —se repite desde 1979 cada vez que Madrid aprueba nuevas leyes o crea cuerpos especializados— y exige que sea el Gobierno vasco y el Parlamento quienes la resuelvan.
  • En el trasfondo, una petición sin respuesta: dos solicitudes a la Policía Nacional para identificar a miembros de Falange tras los incidentes del 12 de octubre en Vitoria, aún sin contestar.

En el País Vasco, donde la arquitectura institucional de la seguridad lleva décadas siendo un campo de disputa entre identidades políticas y marcos legales, el consejero de Seguridad sale al paso de una doble controversia: la gestión policial durante la final del Mundial y lo que describe como un intento recurrente de mandos estatales por recuperar competencias que el Estatuto de Gernika no les reconoce. Más allá del debate operativo, lo que se ventila es una pregunta antigua sobre quién tiene autoridad legítima para mantener el orden en Euskadi, y quién decide los límites de esa autoridad.

El consejero de Seguridad del País Vasco comparece para defender el operativo de la Ertzaintza durante la final del Mundial, pero la conversación revela rápidamente que su preocupación más profunda es otra: la convicción de que mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil están aprovechando las detenciones de presuntos agresores para recuperar terreno institucional que legalmente no les corresponde en el sistema vasco de seguridad.

Sobre los incidentes de aquella noche, el consejero identifica varias capas: grupos extremistas contrarios a la policía, sectores de la sociedad vasca que aún cargan con el legado de ETA, comportamientos radicales en las aficiones y una pérdida general de autoridad cívica. Defiende la decisión de tener efectivos preparados para reaccionar en lugar de desplegar un dispositivo masivo y preventivo, y sostiene que la Ertzaintza actuó correctamente. Reconoce que hubo incidentes, pero subraya que la mayoría de las pantallas gigantes funcionaron con normalidad.

El tono cambia cuando aborda las detenciones realizadas por la Policía Nacional. Describe el fenómeno como recurrente desde 1979: cada nueva ley de seguridad, cada nueva sección central, cada fiscalía especializada trae consigo el mismo patrón, mandos que olvidan el Estatuto de Gernika y los acuerdos vigentes para intentar ampliar su presencia en Euskadi. Ve en esos arrestos una intención política deliberada, no una respuesta operativa, y sugiere que esos cuerpos disponen de más efectivos de los que necesitan en el País Vasco, mientras otras comunidades con mayor delincuencia los necesitarían más. Menciona también que han pedido dos veces a la Policía Nacional que ayude a identificar a miembros de Falange tras los incidentes de Vitoria del 12 de octubre, sin haber recibido respuesta.

Cierra la entrevista con una reflexión sobre los menores llegados desde Ceuta, a quienes describe como niños y niñas muy jóvenes que necesitan protección. Reconoce que los servicios de información del Estado no actuaron con precisión, pide que no se impongan prisas y recuerda que el Estado marroquí tiene una responsabilidad sobre su ciudadanía que no puede ignorarse. Las diputaciones forales, dice, tomarán las decisiones necesarias con responsabilidad.

El consejero de Seguridad del País Vasco se sienta a defender lo indefendible: un operativo policial durante la final del Mundial que dejó a una representante institucional enfrentándose sola a agresores mientras no había un policía cerca. Pero esa no es realmente la batalla que quiere pelear. Lo que le ocupa es algo más profundo y más político: la convicción de que mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil están usando las detenciones de presuntos agresores como una excusa para recuperar territorio que legalmente no les pertenece en el sistema vasco de seguridad.

La entrevista comienza con las agresiones de aquella noche. Tres incidentes graves en pocas horas justificaban, según el consejero, que su departamento emitiera un comunicado contundente. No era alarma innecesaria, sino transparencia ante un fenómeno que requería explicación. Detrás de esos actos de violencia, identifica varias capas: grupos extremistas que rechazan la existencia de la policía, sectores de la sociedad vasca que aún procesan el legado de la violencia de ETA y su conversión de la Ertzaintza en enemigo, comportamientos radicales en las aficiones futbolísticas, falta de civismo en las celebraciones nocturnas. Y debajo de todo, un problema más grave: la pérdida de autoridad.

Cuando se le pregunta sobre el dispositivo del día de la final, rechaza cualquier autocrítica. Había dos opciones, explica: llenar el país de policías o tener los efectivos preparados para reaccionar. Eligieron la segunda. La Ertzaintza hizo lo que tenía que hacer. Sobre la manifestación que se convocó en el centro de Bilbao, sostiene que desde su departamento siempre ha prevalecido garantizar el derecho a la libre expresión, aunque reconoce que esa posibilidad de incidentes siempre cabe. Lo que no tolera es que se intente agredir a alguien por su preferencia por la selección española o su camiseta. Ese día se produjeron algunos incidentes, es verdad, pero la mayor parte de las pantallas gigantes funcionaron con normalidad.

Pero el verdadero conflicto emerge cuando habla de las detenciones realizadas por la Policía Nacional. Aquí su tono cambia. Esto no es nuevo, dice. Es recurrente desde 1979, cada vez que el Gobierno español aprueba una nueva ley de seguridad, cada vez que la Policía Nacional y la Guardia Civil impulsan una nueva sección central, cada vez que se crean fiscalías especializadas. En esos momentos, algunos mandos olvidan lo que dice el Estatuto de Gernika, olvidan los acuerdos adoptados, olvidan la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y buscan una oportunidad para recuperar una posición que no les corresponde legalmente.

Ve en esos arrestos una intención política clara: alterar el sistema vasco de seguridad y tener una presencia mayor de la que tienen y que no les corresponde jurídica y legalmente. Probablemente, sugiere, esos cuerpos disponen de más efectivos de los que necesitan en Euskadi. Esa es una decisión del Ministerio del Interior. Pero hay lugares en los que hacen más falta que aquí, y se remite a los índices de delincuencia de otras comunidades autónomas. Lo que le gustaría ver es que esas fuerzas fueran más activas y comprometidas en cuestiones de extranjería, donde cree que no están trabajando todo lo que deberían. Incluso menciona que tras los incidentes de Vitoria del 12 de octubre, han solicitado dos veces a la Policía Nacional que ayude a identificar a miembros de Falange mediante imágenes, y todavía esperan esa información.

Sobre las detenciones del día de la final, reconoce que la Ertzaintza detuvo a 19 personas ese día. Después, en las investigaciones posteriores, no ha habido arrestos adicionales, pero todos los incidentes tienen su correspondiente atestado y están siendo investigados en sede judicial. Espera que todos los que participaron reciban la sanción correspondiente y que no se libre nadie. Esto no va de una carrera de detenciones, insiste. Se trata de que cada uno haga la tarea que tiene que hacer, y esa tarea corresponde a la Ertzaintza.

El consejero cierra la entrevista hablando de los menores de Ceuta, una cuestión que describe como delicada. Los servicios de información del Estado español no anduvieron finos, dice. Hubo una reacción inmediata con el Gobierno marroquí para que la inmensa mayoría fueran devueltos. Ahora queda identificar a quienes tienen derecho de asilo en la Unión Europea y la cuestión más delicada: los menores. En su inmensa mayoría son niños y niñas muy jóvenes sin la edad ni la madurez suficiente para encontrarse en esa situación. Lo más importante es ofrecerles la protección que necesitan, que debería provenir de sus familias. El Estado marroquí tiene una responsabilidad sobre su ciudadanía que no se puede obviar. Las prisas no van a ser una buena compañía. Las diputaciones forales, como han hecho hasta ahora, serán responsables y adoptarán las decisiones que haya que adoptar, pero la situación es delicada.

Veo una intención por parte de esos mandos de alterar el sistema vasco de seguridad y tener una presencia mayor de la que tienen y que no les corresponde jurídica y legalmente
— Consejero de Seguridad
La transparencia beneficia y robustece la legitimidad de la Ertzaintza
— Consejero de Seguridad
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