En un mundo donde las reglas que ordenaron las relaciones entre naciones parecen perder su fuerza vinculante, el presidente argentino Javier Milei ha convertido la confrontación con Brasil en un laboratorio político: si es posible insultar al mayor socio comercial del país en su propio territorio sin sufrir represalia alguna, entonces la diplomacia tradicional no sería más que una convención vacía. El politólogo Andrés Malamud observa en este experimento algo mayor que una provocación: una prueba deliberada sobre si las instituciones internacionales aún gobiernan el mundo o si simplemente lo d
Malamud: Milei intenta demostrar que la diplomacia no sirve en las relaciones internacionales
Los argentinos hoy somos los leprosos del mundo árabe, de Occidente y de América Latina
¿Malamud está diciendo que Milei deliberadamente insulta a Brasil para probar si la diplomacia ya no existe?
Eso es lo que sugiere. No es que Milei sea simplemente impulsivo; estaría testando si puede confrontar al principal socio comercial sin pagar un precio. Es una prueba de si las reglas todavía funcionan.
Pero espera. ¿Tenemos evidencia de que Milei lo hizo deliberadamente, o Malamud está interpretando la intención? Porque hay una diferencia entre un presidente que insulta por temperamento y uno que insulta como estrategia.
Buen punto. ¿Y qué pasó después? ¿Brasil respondió con represalias?
Brasil protestó, pero principalmente por los insultos al juez Moraes, no por los comentarios sobre Lula. Eso es lo interesante: la reacción fue selectiva.
Entonces no sabemos si Brasil ignoró los insultos a Lula o si simplemente decidió no escalarlos. Eso es diferente a decir que la diplomacia no funciona.
¿Y este cambio de Santilli como jefe de Gabinete? ¿Contradice la idea de que Milei está destruyendo las instituciones?
Malamud lo ve como un reconocimiento de que el amateurismo no funciona. El gobierno necesita alguien que sepa negociar, que sepa hacer política profesional.
Pero eso también podría significar que Milei simplemente necesitaba un adulto en la sala. No necesariamente significa que su estrategia diplomática cambió.
¿Y el tema del rechazo internacional a Argentina? ¿Eso es culpa de Milei o de algo más grande?
Malamud dice que es una convergencia. Los éxitos deportivos, los algoritmos, la arrogancia percibida. Milei es un factor, pero no el único ni el más importante.
Aunque tampoco tenemos números sobre cuánto Milei amplifica ese rechazo versus cuánto es simplemente el efecto de ganar un Mundial.
El Pulso
- Milei calificó a Lula de 'presidiario' y a un magistrado del Supremo brasileño de 'basura calva' durante una visita a San Pablo, desafiando abiertamente al principal socio comercial de Argentina.
- Brasil respondió de forma selectiva y contenida, concentrándose en los agravios al juez Moraes y minimizando los insultos al presidente Lula, lo que Malamud interpreta como una señal de que la provocación funcionó sin costo.
- El rechazo internacional hacia Argentina se alimenta de éxitos deportivos que convirtieron al país de David en Goliat, amplificado por algoritmos que generalizan los insultos individuales a toda una nación.
- Ese rechazo produce una paradoja: quienes lo adoptan con orgullo refuerzan el ciclo, haciendo que la percepción de arrogancia argentina crezca cuanto más se reivindica la diferencia.
- En el frente interno, la llegada de Santilli a la jefatura de Gabinete marca el fin del amateurismo confrontacional y el inicio de una búsqueda pragmática de acuerdos institucionales.
En un mundo donde las reglas que ordenaron las relaciones entre naciones parecen perder su fuerza vinculante, el presidente argentino Javier Milei ha convertido la confrontación con Brasil en un laboratorio político: si es posible insultar al mayor socio comercial del país en su propio territorio sin sufrir represalia alguna, entonces la diplomacia tradicional no sería más que una convención vacía. El politólogo Andrés Malamud observa en este experimento algo mayor que una provocación: una prueba deliberada sobre si las instituciones internacionales aún gobiernan el mundo o si simplemente lo decoran.
El politólogo Andrés Malamud ve en las recientes declaraciones de Javier Milei en San Pablo algo más que una provocación diplomática: un experimento calculado sobre los límites del poder presidencial en una era donde las normas internacionales parecen estar cediendo. Al calificar a Lula de 'presidiario' y a un magistrado del Supremo brasileño de 'basura calva', Milei no buscaba simplemente ofender, sino demostrar que es posible confrontar al principal socio comercial de Argentina sin pagar ningún precio político o económico. 'Está tratando de demostrar que la diplomacia no sirve para nada', sintetizó Malamud.
La reacción del Itamaraty fue reveladora: se concentró en los agravios al juez Moraes y prácticamente ignoró los insultos a Lula. Para Malamud, esa respuesta selectiva confirma que la prueba, al menos por ahora, está resultando exitosa. El analista encuadra este fenómeno en una tendencia global más amplia, donde líderes de distintos países están probando si las instituciones internacionales realmente funcionan o si son apenas fachadas. Si el experimento de Milei prospera, advierte, el mundo está ante un cambio fundamental en cómo opera el poder entre los Estados.
Malamud también abordó el creciente rechazo internacional hacia Argentina, un fenómeno que excede a Milei pero que él amplifica. Señaló que los éxitos deportivos recientes transformaron la imagen del país: de ser el eterno David pasó a ser percibido como Goliat, lo que alteró radicalmente la simpatía que generaba en el exterior. Los algoritmos de redes sociales hicieron el resto, atribuyendo los insultos de individuos a la totalidad de los argentinos. 'Los argentinos hoy somos los leprosos del mundo árabe, de Occidente y de América Latina', afirmó con crudeza. La paradoja es que quienes adoptan ese rechazo con orgullo lo retroalimentan, creando un ciclo difícil de romper.
En el plano doméstico, Malamud interpretó la designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete como una señal de madurez pragmática: el gobierno reconoció que el esquema de confrontación ideológica tenía límites y necesitaba un operador político capaz de negociar acuerdos. Es, en sus palabras, 'la victoria de la política profesional por sobre el amateurismo de los que venían a destruir a la casta'.
El politólogo Andrés Malamud observa en los últimos movimientos del presidente Javier Milei un experimento deliberado sobre los límites del poder presidencial en un mundo donde las reglas tradicionales parecen estar perdiendo vigencia. Durante una entrevista en el programa Comunidad de Negocios, Malamud analizó las declaraciones que Milei realizó en San Pablo, donde calificó a Luiz Inácio Lula da Silva como "presidiario" y al juez Alexandre de Moraes del Supremo Tribunal Federal brasileño como "basura calva", mientras respaldaba públicamente al senador Flavio Bolsonaro. Lo que interesa a Malamud no es simplemente el contenido de los insultos, sino lo que revelan sobre la estrategia presidencial.
Según el analista, Milei está intentando demostrar que es posible confrontar al principal socio comercial de Argentina en su propio territorio sin que ello acarree consecuencias económicas o políticas. "Está tratando de demostrar que la diplomacia no sirve para nada", afirmó Malamud. La reacción del Itamaraty, el ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, se concentró principalmente en los agravios contra el magistrado Moraes, no en las descalificaciones contra Lula. Malamud interpretó esta respuesta selectiva como indicativa de que los insultos presidenciales contra el líder brasileño fueron ignorados, incomprendidos o deliberadamente minimizados por Brasilia.
Malamud vinculó esta conducta con un fenómeno más amplio: la erosión de las normas institucionales que han regulado las relaciones internacionales durante décadas. Mencionó como ejemplo paralelo el pedido del presidente estadounidense al titular de la FIFA para que se perdonara una tarjeta roja, sugiriendo que los líderes mundiales están probando si las instituciones internacionales realmente funcionan o si son meras fachadas. "Milei está tratando de demostrar que lo mismo pasa en las relaciones entre los Estados, que todo lo que aprendimos hoy no funciona", advirtió. Si esta prueba tiene éxito, el mundo está experimentando un cambio fundamental en cómo operan las relaciones de poder.
El analista también abordó el fenómeno del rechazo internacional hacia Argentina, un tema que trasciende la figura de Milei pero que él considera que amplifica. Malamud señaló que el odio internacional no responde a una lógica racional sino a la convergencia de múltiples factores. Destacó que las acusaciones de racismo contra Argentina precedieron al actual gobierno, pero que la percepción cambió radicalmente con los éxitos deportivos recientes. "Tiene que ver con que, de repente, somos Goliat y ya no David, como éramos hace cuatro años, cuando no éramos los campeones", explicó. El cambio de posición en la jerarquía deportiva global alteró cómo el mundo percibe a los argentinos.
A este escenario se sumó el efecto amplificador de los algoritmos de redes sociales, que muestran permanentemente contenidos que generan rechazo y que terminan atribuyendo los insultos de algunos individuos a la totalidad de la población. "Los argentinos hoy somos los leprosos del mundo árabe, de Occidente y de América Latina", afirmó Malamud con crudeza. Sin embargo, observó que esta carga externa genera dos reacciones opuestas: algunos argentinos la encuentran insoportable, mientras que otros la adoptan con orgullo porque los hace sentir diferentes y especiales. Paradójicamente, esa adopción orgullosa del rechazo alimenta el mismo fenómeno, creando un ciclo donde cuanto más especiales se consideran los argentinos, mayor es el rechazo que provocan.
En el plano doméstico, Malamud interpretó la designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete y la salida de Manuel Adorni como un giro significativo. Describió el cambio como "la victoria de la política profesional por sobre el amateurismo de los que venían a destruir a la casta". Según su análisis, el gobierno reconoció que el esquema anterior no funcionaba y necesitaba un dirigente capaz de negociar y alcanzar acuerdos con otros sectores políticos. Este movimiento sugiere que, después de un período de confrontación ideológica, la administración Milei está buscando recuperar capacidades institucionales básicas para gobernar.
Citas Notables
Está tratando de demostrar que la diplomacia no sirve para nada— Andrés Malamud, politólogo
Milei está tratando de demostrar que se puede insultar al principal socio comercial de la Argentina en su territorio sin consecuencias para la Argentina— Andrés Malamud