Hace más de 66 millones de años, un Tyrannosaurus rex dejó su huella en la tierra de lo que hoy es Colorado. Un maestro de escuela, guiado por la misma curiosidad que predica en el aula, fue quien la encontró. El hallazgo —el primer conjunto conocido de rastros de T-rex jamás registrado— recuerda que la ciencia no siempre llega por los caminos trazados, sino por los ojos que saben detenerse a mirar.