Cuando el rugido de los motores regresa a Madrid tras décadas de ausencia, la ciudad responde con un gesto poco común en el mundo del espectáculo de élite: abrir la fiesta a todos. Del 11 al 13 de septiembre, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid han tejido una red de experiencias gratuitas —fan zones, videomapping, exposiciones y festivales culturales— que convierte el Gran Premio no solo en una competición, sino en un acontecimiento colectivo. Es la vieja tensión entre el lujo exclusivo y la plaza pública, resuelta esta vez a favor de la segunda.