Madre cubana denuncia que el Estado no paga estudios genéticos de su hijo en Argentina tras cuatro años

Un niño de 7 años permanece sin diagnóstico definitivo de su condición genética mientras su familia enfrenta presión económica y temor a represalias del sistema de salud.
Lo raro existe y es su derecho ser tratados como personas
Dalma Rosell reclama dignidad para familias con enfermedades genéticas raras en Cuba.
Mark

¿Por qué esperó Dalma casi cinco años antes de hablar públicamente?

Mimi

Porque el sistema de salud cubano es el único que tiene. Si denuncia y pierde acceso, no tiene adónde ir. No tiene dinero para sacar a Eithan del país. El silencio era una forma de protección.

Mark

¿Qué exactamente necesita Eithan que Cuba no puede proporcionar?

Mimi

Dos pruebas específicas: un exoma completo y microarrays. Son estudios genéticos avanzados que permiten un diagnóstico definitivo. En Cuba solo hicieron un cariotipo básico. Esas pruebas existen en Argentina, pero alguien tiene que pagar.

Mark

¿Quién debería pagar, según ella?

Mimi

El Estado cubano. Porque no hay clínicas privadas en Cuba. No hay alternativa. Si el sistema público no paga, el niño no recibe el diagnóstico. Es una responsabilidad estatal, no un favor.

Mark

¿Qué teme que suceda si hace una denuncia formal?

Mimi

Represalias. Que cierren puertas. Que pierda acceso a la atención médica que Eithan recibe ahora. Es un riesgo real cuando dependes completamente del sistema.

Mark

¿Es el caso de Eithan único?

Mimi

No. Es parte de un patrón. Madres de niños con fibrosis quística, madres de bebés que necesitan cirugías. Todas recurriendo a las redes sociales porque no tienen otra forma de ser escuchadas.

Mark

¿Qué dice ella sobre las personas con enfermedades raras en Cuba?

Mimi

Que son invisibles. Que el Estado y la sociedad las ignoran. Pero que tienen derecho a ser tratadas como seres humanos, no como casos excepcionales que merecen gratitud por gestiones que deberían ser obligatorias.

  • Eithan tiene siete años, una alteración cromosómica sin diagnóstico definitivo y muestras de sangre listas en un laboratorio argentino que lleva años esperando un pago que nunca llega.
  • Su madre rompió cuatro años de silencio en Facebook tras una visita a la clínica de Genética Provincial que describió como un encuentro con 'tanta indiferencia y tanta mentira'.
  • Rosell teme que denunciar públicamente le cierre a su hijo las puertas del único sistema de salud al que tiene acceso, mientras carece de recursos para buscar atención fuera de Cuba.
  • La familia enfrenta además una presión económica cotidiana que le impide costear alimentos y productos básicos que el niño necesita, convirtiendo la pobreza en un factor médico.
  • El caso se suma a un patrón creciente: madres cubanas que recurren a las redes sociales para exigir lo que el Estado no provee, desde medicamentos para fibrosis quística hasta cirugías urgentes.

En La Habana, una madre lleva cuatro años esperando que el Estado cubano pague los estudios genéticos que su hijo de siete años necesita para obtener un diagnóstico definitivo —pruebas que solo existen en Argentina y que el sistema de salud cubano no puede realizar en la isla. El caso de Dalma Rosell y su hijo Eithan no es una anomalía, sino el reflejo de una fractura sistémica: la distancia entre lo que el Estado promete y lo que entrega a quienes viven con enfermedades raras. En ese espacio vacío, el silencio se vuelve insostenible, y las redes sociales se convierten en el único tribunal disponible.

Dalma Rosell Marrero ha esperado cuatro años. Su hijo Eithan, de siete años, tiene una alteración cromosómica estructural en el brazo corto del cromosoma 3. Los médicos cubanos realizaron un cariotipo, pero el diagnóstico definitivo requiere pruebas más avanzadas —un exoma completo y microarrays— que no existen en Cuba. Existen en Argentina. Y el Estado cubano, según Rosell, aún no ha pagado por ellas.

Esta semana, después de casi cinco años de silencio, la madre publicó su frustración en Facebook. Describió una visita reciente a la clínica de Genética Provincial en La Habana como devastadora: vio, escribió, 'tanta indiferencia y tanta mentira'. Eithan está estable, aclaró, y hace poco le extrajeron sangre para preparar las muestras. Pero el laboratorio en Argentina sigue esperando el pago que nunca llega.

Rosell no quería hacer de esto un asunto político. Dudó mucho antes de hablar. Pero el silencio se volvió insoportable. Sostiene que corresponde al Ministerio de Salud Pública costear en el extranjero lo que no puede hacerse en la isla —una responsabilidad del Estado, no un favor. Lo que la frenó no fue la vergüenza, sino el miedo: teme que una denuncia formal le cierre a su hijo las puertas del sistema de salud, y no tiene recursos para buscar atención fuera de Cuba. 'Cuando la haga me van a cerrar todas las puertas', escribió. Y también: 'Miedo no tengo. Es para adelante'. Una contradicción que resume su posición entera.

Rosell articula además una crítica más amplia: en Cuba, dice, las personas con enfermedades raras son invisibles para el Estado y para la sociedad. 'Lo raro existe y es su derecho ser tratados como personas, como seres humanos'. El caso de Eithan no es aislado. En los últimos meses, otras madres cubanas han recurrido a las redes sociales para reclamar lo que sus hijos no pueden obtener dentro de la isla: medicamentos para niños con fibrosis quística, cirugías que las autoridades prometen gestionar sin ofrecer soluciones concretas.

Eithan sigue esperando. Su madre sigue esperando. El laboratorio en Argentina sigue esperando. Y el Estado cubano, según Rosell, sigue sin pagar.

Dalma Rosell Marrero ha estado esperando cuatro años. Su hijo Eithan, ahora de siete años, tiene una alteración cromosómica estructural en el brazo corto del cromosoma 3. Los médicos cubanos realizaron un cariotipo, pero eso no fue suficiente. Para llegar a un diagnóstico definitivo, el niño necesita pruebas más especializadas: un exoma completo y microarrays. Estas pruebas no existen en Cuba. Existen en Argentina. Y el Estado cubano, según Rosell, aún no ha pagado por ellas.

Esta semana, después de casi cinco años guardando silencio, la madre publicó su frustración en Facebook. Describió una visita reciente a la clínica de Genética Provincial en La Habana como devastadora. Vio, escribió, "tanta indiferencia y tanta mentira". Eithan está estable, aclaró. Hace poco le extrajeron sangre para preparar las muestras. Pero el laboratorio en Argentina sigue esperando el pago que nunca llega.

Rosell no quería hacer de esto un asunto político. Dudó mucho antes de hablar públicamente. Pero el silencio se volvió insoportable. Hace cuatro años, le dijeron que esos análisis no se realizarían. Ahora, cuatro años después, siguen sin realizarse. La madre sostiene que corresponde al Ministerio de Salud Pública costear en el extranjero lo que no puede hacerse en la isla. Es, dice, una responsabilidad del Estado, no un favor que merezca gratitud después de tanto tiempo.

Lo que la mantiene callada no es la vergüenza, sino el miedo. Rosell teme que si hace una denuncia pública formal, las puertas del sistema de salud cubano se le cierren a su hijo. No tiene dinero para sacarlo del país. No tiene recursos para llevarlo a un mejor lugar si pierde acceso a la atención médica que recibe ahora. Escribió en Facebook: "Cuando la haga me van a cerrar todas las puertas". Pero también escribió: "Miedo no tengo. Es para adelante". Es una contradicción que resume su posición: la necesidad de hablar choca contra la necesidad de proteger a su hijo.

La familia enfrenta además dificultades económicas cotidianas. Rosell menciona que ni siquiera puede comprar algunos alimentos y productos que Eithan necesita porque los precios son prohibitivos. El niño permanece sin un diagnóstico concluyente. Su condición médica sigue en estudio. Y la falta de dinero de la familia se convierte, en sus palabras, en un elemento de presión.

Rosell articula una crítica más amplia. En Cuba, dice, las personas que viven con enfermedades raras son invisibles para el Estado y para la sociedad. "Lo raro existe y es su derecho ser tratados como personas, como seres humanos". El caso de Eithan no es aislado. En los últimos meses, otras madres cubanas han recurrido a las redes sociales para reclamar lo que sus hijos no pueden obtener dentro de la isla. En abril, madres de niños con fibrosis quística en Santiago de Cuba y Camagüey denunciaron carencias de medicamentos y alimentos en malas condiciones. Un mes antes, una madre de Camagüey reportó que su bebé necesitaba una cirugía que no podía realizarse en Cuba, y que las autoridades solo hablaban de buscar convenios sin ofrecer soluciones concretas.

Eithan sigue esperando. Su madre sigue esperando. El laboratorio en Argentina sigue esperando. Y el Estado cubano, según Rosell, sigue sin pagar.

Estoy cansada de callarme y de como madre hacerme la de la vista gorda
— Dalma Rosell Marrero, madre de Eithan
En Cuba, las personas que viven con enfermedades raras son invisibles para el Estado y para la sociedad
— Dalma Rosell Marrero
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