Desde San Pedro y Miquelón, el último rincón francés en Norteamérica, Emmanuel Macron y Mark Carney eligieron un escenario cargado de historia para declarar que la soberanía no se negocia y que las alianzas fundadas en valores compartidos pueden ser una respuesta a la diplomacia de la presión. La visita, provocada en parte por un mapa publicado por Donald Trump que reclamaba territorios franceses bajo bandera estadounidense, convirtió una isla pequeña en un símbolo de resistencia tranquila frente al unilateralismo. Lo que ambos líderes anunciaron como 'la alianza de futuro' entre Canadá y la U