En el eterno juego de las potencias por los territorios que el mundo aún no ha terminado de repartir, Groenlandia vuelve a ocupar el centro del tablero. El presidente Macron ha prestado su voz al acuerdo entre Washington y Copenhague, afirmando que el pacto reafirma la soberanía danesa sobre la isla ártica, en un gesto que convierte a Francia en testigo y garante simbólico de un equilibrio frágil. Lo que antes era especulación sobre posibles transferencias territoriales toma ahora la forma de una arquitectura diplomática concreta, mientras los líderes de Groenlandia y Dinamarca viajan a Nueva