En el vasto ciclo de las democracias latinoamericanas, Brasil se aproxima a octubre con una contienda presidencial que refleja la profunda división de su sociedad: el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro comparten exactamente el 41% de intención de voto en una eventual segunda vuelta, según la firma Quaest. Es la primera vez desde marzo que ambos candidatos alcanzan una paridad numérica, señal de que ninguna de las dos grandes corrientes políticas del país ha logrado imponerse sobre la otra. La historia electoral brasileña aguarda, una vez más, en un fiel de balanza.