En el nordeste brasileño, región que ha sido el corazón electoral de Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente tejió esta semana nuevos vínculos entre el poder federal y las aspiraciones locales. Su visita a Ceará —con parada en un hospital universitario y presencia en una convención partidista— no fue un acto administrativo ordinario, sino un recordatorio de que la política, en su forma más antigua, sigue siendo un asunto de presencia, de cuerpo y de territorio. Con las elecciones de octubre en el horizonte, el gobierno busca convertir la lealtad histórica de una región en votos concretos para