A dos semanas de las elecciones presidenciales en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva subirá al podio de la Asamblea General de la ONU con un doble propósito: responder a las acusaciones de Donald Trump sobre la incapacidad de su gobierno para combatir el crimen organizado, y reivindicar ante el mundo —y ante sus propios votantes— el principio de soberanía nacional. En el gran teatro de la diplomacia multilateral, el discurso de un líder ante las naciones del mundo se convierte también, inevitablemente, en un mensaje hacia adentro.