En el umbral de una de sus elecciones más tensas en décadas, Brasil se prepara para decidir entre dos visiones opuestas de sí mismo: la del expresidente Lula, que invoca la memoria de una prosperidad pasada, y la del presidente Bolsonaro, que se erige como guardián de un orden amenazado. Con el balotaje del 30 de octubre acercándose, la ventaja de Lula en las encuestas coexiste con la incertidumbre sembrada por una primera vuelta que desafió todas las predicciones. Lo que está en juego no es solo un cargo, sino la pregunta de si las instituciones democráticas brasileñas podrán contener la fuer
Lula lidera con 53% en balotaje brasileño mientras Bolsonaro intensifica campaña negativa
Brasil no aguanta más a Bolsonaro
¿Por qué sorprendió tanto el desempeño de Bolsonaro en la primera vuelta si las encuestas lo tenían tan rezagado?
Las encuestadoras subestimaron su capacidad de movilización. Obtuvo más de seis puntos por encima de lo que los sondeos anticipaban, lo que sugiere que sus votantes estaban menos visibles en los estudios de opinión o que se movilizaron de formas que los métodos tradicionales no capturaban bien.
Pero eso plantea una pregunta incómoda: si se equivocaron por seis puntos en la primera vuelta, ¿qué tan confiables son estas encuestas de balotaje que muestran a Lula adelante por seis puntos? Podrían estar cometiendo el mismo error de nuevo.
¿Qué tan decisivos serán realmente los evangélicos y las mujeres?
Son los dos grupos con mayor potencial de movimiento. Las mujeres prefieren a Lula, los evangélicos a Bolsonaro. En una elección tan cerrada, el grupo que logre movilizar mejor a su base podría inclinar la balanza.
Pero el dato que no tenemos es cuántos evangélicos son mujeres, y cómo esa intersección podría jugar. También desconocemos qué tan volátiles son realmente estos grupos entre la primera y segunda vuelta.
¿Qué significa que Bolsonaro haya insinuado que podría no aceptar la derrota?
Es una señal de que está preparando el terreno para cuestionar la legitimidad del resultado si pierde. En una democracia, eso es profundamente desestabilizador.
Cierto, pero también es importante notar que hasta ahora son insinuaciones, no declaraciones explícitas. No sabemos exactamente qué haría o podría hacer, y especular sobre eso va más allá de lo que el reportaje puede confirmar.
¿Por qué ambos candidatos concentran sus campañas en São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais?
Porque son los estados más ricos y poblados. Tienen el mayor número de votantes, así que es donde se decide la elección nacional.
Pero eso también significa que están ignorando grandes porciones del país. No sabemos cómo eso podría afectar la movilización en otras regiones o si hay dinámicas locales que los sondeos nacionales no están capturando bien.
O Pulso
- Las encuestadoras subestimaron a Bolsonaro por más de seis puntos en la primera vuelta, lo que convierte cualquier ventaja de Lula en terreno incierto.
- La campaña ha escalado a acusaciones de ebriedad y canibalismo, con un anuncio televisivo de Lula que usa declaraciones antiguas de Bolsonaro sobre rituales indígenas que los propios Yanomami desmienten.
- Mujeres y evangélicos se perfilan como los grupos decisivos, mientras ambos candidatos concentran recursos en São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais.
- Bolsonaro ha insinuado que podría no reconocer una derrota, añadiendo una amenaza de inestabilidad institucional al clima ya enrarecido del país.
- Con Lula entre 53% y 55% según distintos sondeos, la contienda sigue abierta y la movilización de indecisos será determinante en las dos semanas que restan.
En el umbral de una de sus elecciones más tensas en décadas, Brasil se prepara para decidir entre dos visiones opuestas de sí mismo: la del expresidente Lula, que invoca la memoria de una prosperidad pasada, y la del presidente Bolsonaro, que se erige como guardián de un orden amenazado. Con el balotaje del 30 de octubre acercándose, la ventaja de Lula en las encuestas coexiste con la incertidumbre sembrada por una primera vuelta que desafió todas las predicciones. Lo que está en juego no es solo un cargo, sino la pregunta de si las instituciones democráticas brasileñas podrán contener la fuerza de una polarización sin precedentes.
Brasil avanza hacia su balotaje presidencial más polarizado en décadas. Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una ventaja de seis puntos sobre el presidente Jair Bolsonaro a dos semanas de la votación del 30 de octubre: el Instituto Datafolha lo ubica con 53% frente al 47% del mandatario, aunque las encuestadoras cargan con el peso de haber fallado notoriamente en la primera vuelta, cuando Bolsonaro superó en más de seis puntos lo que los sondeos anticipaban.
La primera ronda del 2 de octubre sorprendió a analistas y estrategas. Casi 120 millones de brasileños votaron, y aunque Lula se impuso con 48%, Bolsonaro alcanzó un 43% que meses de encuestas con ventajas de dos dígitos para su rival no habían anticipado. Esa brecha cerrada ha intensificado la incertidumbre sobre el desenlace final.
La campaña ha derivado hacia territorios cada vez más hostiles. Lula apela a la memoria de su presidencia entre 2003 y 2010 y presenta a Bolsonaro como una amenaza institucional; Bolsonaro retrata a Lula como un socialista radical y se postula como salvador del país. El punto más extremo llegó cuando la campaña de Lula difundió un anuncio televisivo con un fragmento de una entrevista que Bolsonaro dio al New York Times en 2016, en la que el entonces diputado habló sobre un supuesto ritual caníbal de la comunidad Yanomami. Un vocero de esa comunidad negó la existencia de tal práctica. La campaña de Bolsonaro anunció que impugnaría el anuncio ante las autoridades electorales.
Dos grupos serán decisivos: las mujeres, que inclinan hacia Lula, y los evangélicos, que favorecen a Bolsonaro. Ambos candidatos concentran esfuerzos en São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais. Lula aspira a captar los votos del centrista Ciro Gomes; Bolsonaro confía en que la percepción de una economía más activa mueva a votantes de distintas tendencias.
Lo que añade mayor gravedad al momento es la insinuación de Bolsonaro de que podría no aceptar el resultado si le es adverso, una postura que ha encendido alarmas sobre la estabilidad institucional del país en los días posteriores al 30 de octubre.
Brasil se encamina hacia su balotaje presidencial más polarizado en décadas, con Luiz Inácio Lula da Silva manteniendo una ventaja de seis puntos sobre el presidente Jair Bolsonaro a dos semanas de la votación del 30 de octubre. Según el Instituto Datafolha, Lula lidera con 53% de los votos válidos frente al 47% de Bolsonaro, aunque las encuestadoras enfrentan cuestionamientos serios por haber subestimado significativamente la fuerza electoral del mandatario en la primera vuelta, cuando obtuvo más de seis puntos por encima de lo que los sondeos anticipaban.
La primera ronda del 2 de octubre dejó un resultado que sorprendió a muchos analistas. Casi 120 millones de brasileños votaron, y aunque Lula se impuso con 48% de los votos, Bolsonaro logró 43%, un desempeño considerablemente mejor que lo que meses de encuestas sugerían. Durante buena parte de la campaña, los sondeos habían mostrado a Lula con ventajas de dos dígitos. Ahora, con ambos candidatos avanzando a la segunda vuelta, la brecha se ha estrechado considerablemente, lo que ha intensificado la incertidumbre sobre el resultado final.
La campaña ha derivado hacia territorios cada vez más hostiles. Lula busca convencer a los brasileños de que vivían mejor durante su presidencia, entre 2003 y 2010, mientras presenta a Bolsonaro como una amenaza para las instituciones democráticas. Bolsonaro, por su parte, retrata a Lula como un socialista radical y se posiciona a sí mismo como el salvador del país. Ambos candidatos han concentrado sus esfuerzos en los estados más ricos y poblados: São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais. El pasado viernes, el intercambio de acusaciones alcanzó nuevos extremos cuando los candidatos se acusaron mutuamente de ebriedad y canibalismo.
La controversia más reciente surgió cuando la campaña de Lula difundió un anuncio televisivo que incluye un fragmento de una entrevista que Bolsonaro dio al New York Times en 2016. En ese video, el entonces diputado federal habla sobre un supuesto ritual de la comunidad indígena Yanomami del estado de Roraima, diciendo que comería carne humana si fuera obligado a hacerlo como parte de una ceremonia. El fragmento fue ampliamente compartido en redes sociales, y la campaña de Lula lo incorporó en su propaganda televisiva como parte de un esfuerzo por frenar el impulso de Bolsonaro tras su sorprendente desempeño en la primera vuelta. Junior Hekurari, un vocero de los Yanomami, negó a un medio local independiente la existencia de tal ritual en su cultura.
El anuncio de Lula no se limita al fragmento sobre canibalismo. Incluye una sucesión de imágenes de otros actos y exabruptos del mandatario: simulando una ametralladora con un trípode, llamando a una diputada vagabunda, y burlándose del covid-19. Una voz en off afirma: "Después de todos los absurdos que Brasil ya escuchó de Bolsonaro, surge otro todavía más aterrador: revela que comería carne humana; Brasil no aguanta más a Bolsonaro". Fábio Faría, ministro de Comunicaciones y coordinador de la campaña de Bolsonaro, prometió en Twitter que recurrirían el anuncio ante las autoridades electorales.
Dos grupos demográficos serán decisivos en el resultado final: las mujeres, que prefieren a Lula, y los evangélicos, que favorecen a Bolsonaro. Lula espera heredar la mayoría de los votos de Ciro Gomes, un ex gobernador estatal de centroizquierda que quedó fuera de la segunda vuelta. Bolsonaro, por su parte, confía en que los votantes de todas las tendencias cambien de opinión a medida que el gasto de estímulo haga que la economía parezca más atractiva. Otra encuestadora, Ipec, difundió el miércoles un sondeo que ubicaba a Lula, de 76 años, con 55% y a Bolsonaro, de 67 años, con 45%.
Lo que añade una capa adicional de incertidumbre es la insinuación de Bolsonaro de que es poco probable que acepte el resultado si las elecciones van en su contra. Esta postura, combinada con la polarización histórica que caracteriza esta contienda, ha generado preocupación sobre la estabilidad institucional del país en los días posteriores a la votación. Con dos semanas aún por delante, la campaña promete seguir intensificándose, con ambos candidatos buscando movilizar a sus bases y convencer a los votantes indecisos en una de las elecciones más cerradas y tensas que Brasil ha experimentado en décadas.
Citações Notáveis
Es para comer, se cocina por dos o tres días y lo comen con banana. Yo quería ver al indio siendo cocinado. Ahí me dicen 'si lo ve, lo tiene que comer'. ¡Lo como!— Jair Bolsonaro, en entrevista al New York Times en 2016
Después de todos los absurdos que Brasil ya escuchó de Bolsonaro, surge otro todavía más aterrador: revela que comería carne humana; Brasil no aguanta más a Bolsonaro— Voz en off del anuncio televisivo de la campaña de Lula