Lula advierte en G7 sobre desigualdades digitales y demanda gobernanza global de IA

Las empresas de tecnología poseen valor equivalente a grandes economías, pero 2.600 millones permanecen desconectadas
Lula expone el contraste central de su argumento sobre desigualdades digitales globales en el G7.

En el escenario del G7 reunido en Francia, el presidente brasileño Lula da Silva elevó una voz incómoda pero necesaria: la revolución de la inteligencia artificial no puede construirse sobre los cimientos de una humanidad partida en dos, donde 2.600 millones de personas permanecen ajenas al mundo digital. Su llamado a una gobernanza internacional coordinada, anclada en las Naciones Unidas y en el respeto a la soberanía digital de los países en desarrollo, recuerda que el progreso tecnológico sin justicia distributiva no es progreso, sino una nueva forma de concentración del poder.

  • La brecha digital no es metáfora: mientras las grandes tecnológicas acumulan valuaciones equivalentes a economías nacionales enteras, la mitad de la humanidad sigue sin conexión a internet.
  • Lula advirtió que sin reglas internacionales claras, la IA profundizará las desigualdades existentes en lugar de reducirlas, dejando a los países en desarrollo atrapados como meros proveedores de datos.
  • La Comisión Europea, a través de Von der Leyen, ofreció una convergencia parcial al defender marcos regulatorios alineados y mayor cooperación transatlántica, señal de que Europa busca un equilibrio entre innovación y control.
  • El sistema de pagos Pix se convirtió en campo de batalla geopolítico: la investigación comercial abierta por el gobierno Trump bajo la Sección 301 revela que la infraestructura digital pública brasileña incomoda a los intereses privados estadounidenses.
  • Brasil navega una tensión doble: exige un lugar en la arquitectura global de la IA mientras resiste presiones comerciales que buscan desmantelar sus modelos de soberanía digital.

En la cumbre del G7 celebrada en Francia, el presidente Lula da Silva irrumpió con un diagnóstico que muchos preferirían ignorar: la inteligencia artificial promete transformar industrias, sistemas de salud y servicios públicos, pero esas promesas solo alcanzan a quienes ya están conectados. Con 2.600 millones de personas aún fuera de internet, el riesgo no es hipotético: los que concentran poder tecnológico lo consolidarán, y los que quedan atrás retrocederán aún más.

Por eso Lula defendió con firmeza que las Naciones Unidas y los foros multilaterales deben ocupar el centro de la gobernanza de la IA. Los países en desarrollo, argumentó, no pueden seguir siendo simples consumidores o proveedores de datos en una cadena digital que otros diseñan. La soberanía digital, para él, no es un concepto abstracto sino una condición para que el desarrollo tecnológico sea justo. También señaló la necesidad de proteger a niños y adolescentes de contenidos nocivos que circulan sin control suficiente en las plataformas globales.

Desde Europa, Ursula von der Leyen coincidió en parte: abogó por marcos regulatorios alineados y por una cooperación más estrecha entre la Unión Europea y Estados Unidos en tecnología. Brasil y la UE, además, acaban de firmar un acuerdo de reconocimiento mutuo en datos y conectividad, lo que abre un canal de entendimiento.

Pero la tensión más concreta se libra en otro frente. El Pix, el sistema de pagos instantáneos que Brasil construyó como infraestructura pública digital, se convirtió en objeto de una investigación comercial abierta por el gobierno Trump bajo la Sección 301, con el Pentágono involucrado en el análisis. Washington alega que el modelo favorece al Estado en detrimento de empresas privadas como Visa y Mastercard. Lo que empezó como una herramienta de inclusión financiera se transformó en una disputa sobre quién controla la infraestructura digital del futuro y quién se beneficia de ella.

En la reunión del G7 celebrada en Francia, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva llevó un mensaje incómodo a la mesa: mientras las grandes potencias tecnológicas debaten el futuro de la inteligencia artificial, miles de millones de personas en el mundo siguen sin acceso a internet. Su intervención fue una defensa frontal de la gobernanza internacional coordinada para la IA y una advertencia sobre los riesgos de que la brecha digital se profundice aún más.

Lula reconoció que la inteligencia artificial ofrece oportunidades genuinas. En industria, en salud, en energía, en servicios públicos, la tecnología puede transformar vidas. Pero esas promesas, argumentó, solo se materializan si existe coordinación real entre países y si hay reglas claras que todos respeten. Sin eso, el resultado será predecible: los que ya tienen poder tecnológico lo consolidarán, y los que quedan atrás se quedarán más atrás aún.

El contraste que Lula planteó fue brutal en su simplicidad. Las empresas de tecnología más grandes del mundo tienen valuaciones equivalentes a las economías nacionales completas de países medianos. Al mismo tiempo, 2.600 millones de personas permanecen desconectadas de internet. Esa cifra no es un detalle estadístico. Es la mitad de la humanidad aproximadamente, viviendo fuera del ecosistema digital que cada vez más define el acceso a oportunidades económicas, educativas y de información. Para Lula, ese abismo es insostenible y exige respuesta institucional.

Por eso insistió en que las Naciones Unidas y los foros internacionales deben jugar un papel central en la gobernanza de la IA. No puede ser que decisiones estructurales sobre tecnología queden en manos de unos pocos países o de actores privados. Los países en desarrollo, argumentó, ocupan posiciones secundarias en la cadena digital global: actúan como proveedores de datos o como consumidores de servicios tecnológicos, pero rara vez como arquitectos de su propio futuro digital. Eso es lo que Lula llama soberanía digital, y es lo que demanda que cambie.

Otro tema que Lula abordó fue la protección en el entorno digital, especialmente la de niños y adolescentes. Las plataformas tecnológicas, señaló, permiten la circulación de contenidos nocivos sin suficiente control. Eso requiere mecanismos de protección más robustos, acordados internacionalmente.

Desde el lado europeo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, coincidió parcialmente. Defendió una mayor alineación entre los estándares de seguridad y los marcos regulatorios para la IA. También pidió un fortalecimiento de la cooperación entre Estados Unidos y la Unión Europea en el desarrollo tecnológico. Von der Leyen enfatizó que es de interés mutuo que ciudadanos y empresas tengan acceso seguro a los modelos más avanzados de IA, y destacó el papel de la UE como mercado relevante para aplicaciones industriales. Recientemente, Brasil y la Unión Europea firmaron un acuerdo de reconocimiento mutuo en materia de datos y conectividad.

Pero la tensión real está en otro lado. En el ámbito económico, Lula también defendió el Pix, el sistema de pagos instantáneos brasileño, como infraestructura pública digital y modelo de inclusión financiera. El Pix se ha convertido en un punto de fricción comercial con Estados Unidos. El gobierno de Donald Trump abrió una investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio estadounidense, alegando que el modelo brasileño favorece un servicio estatal en detrimento de empresas privadas como Visa y Mastercard. El Pentágono está involucrado en el análisis. Lo que comenzó como un sistema de pagos se convirtió en una disputa sobre quién controla la infraestructura digital y quién se beneficia de ella.

Las decisiones estructurales sobre tecnología no deben quedar restringidas a pocos países o actores privados
— Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil
Es de interés mutuo que ciudadanos y empresas tengan acceso seguro a los modelos más avanzados de IA
— Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Lula insiste tanto en la gobernanza internacional de la IA si Estados Unidos ya ha dejado claro que no la quiere?

Model

Porque sabe que si no hay reglas acordadas ahora, los que tienen poder tecnológico las escribirán solos después. Y eso afecta desproporcionadamente a países como Brasil.

Inventor

Pero 2.600 millones de personas sin internet es un número enorme. ¿Cómo se conecta eso con el debate sobre gobernanza de IA?

Model

Es el punto central. No tiene sentido debatir cómo gobernar la IA si la mayoría de la humanidad ni siquiera está conectada. Lula está diciendo: antes de que sea demasiado tarde, asegúrense de que esto no profundice las desigualdades existentes.

Inventor

¿Y el Pix? ¿Por qué Estados Unidos lo ve como una amenaza?

Model

Porque el Pix es un sistema público que funciona sin intermediarios privados. Eso es un modelo diferente al que Visa y Mastercard ofrecen. Si otros países lo copian, el negocio de los pagos digitales cambia fundamentalmente.

Inventor

¿Entonces Lula está defendiendo un modelo alternativo de tecnología?

Model

Exactamente. No es anti-tecnología. Es pro-soberanía. Dice que los países deben poder elegir sus propias trayectorias, no simplemente consumir lo que Silicon Valley produce.

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