En un momento donde el comercio global se convierte en arena de poder y soberanía, los presidentes Lula y Trump sostuvieron una conversación de más de una hora que reveló tanto los desacuerdos reales entre Brasil y Estados Unidos como la voluntad de ambos de no romper el vínculo. Los aranceles del 37,5% impuestos por Washington sobre productos brasileños permanecen intactos, pero la puerta de las negociaciones quedó abierta. En tiempos electorales para Brasil, incluso una llamada cordial entre adversarios ideológicos es, en sí misma, un acto político.