Lula busca su cuarto mandato como líder pragmático, lejos del sindicalismo combativo

De sindicalista radical a político que negocia con sus antiguos adversarios
La transformación de Lula refleja cómo la economía brasileña y la política fragmentada lo obligaron a evolucionar.
Mark

¿Cómo explicas que alguien que fue encarcelado por corrupción siga siendo la principal figura de la izquierda brasileña?

Mimi

Porque su narrativa de persecución política resonó profundamente. El Supremo anuló sus condenas por cuestiones de competencia jurisdiccional, no porque fuera inocente. Eso le permitió regresar no solo como candidato, sino como víctima de un sistema injusto.

Luke

Pero espera. El Supremo anuló las condenas por competencia, no por falta de pruebas. Eso es importante. Y la pregunta real es: ¿cuántos brasileños creen realmente que fue perseguido versus cuántos simplemente lo prefieren a la alternativa?

Mark

Entonces, ¿el Lula de hoy es realmente de izquierda o solo se viste así?

Mimi

Es ambos. Conserva una identidad de izquierda genuina, pero gobierna desde el centro. Eso no es hipocresía; es la realidad de gobernar en una economía transformada con un Congreso fragmentado.

Luke

Pero eso es lo que todos los políticos dicen. La pregunta es: ¿qué políticas reales implementó que demuestren esa identidad de izquierda? El artículo no lo dice.

Mark

¿Y qué pasó con los sindicatos que lo llevaron al poder?

Mimi

Se debilitaron. La industria pasó del 30% al 10% del PBI. Las fábricas se automatizaron. Los nuevos trabajadores están fuera de las estructuras sindicales tradicionales. Lula sigue llamando a los líderes sindicales, pero desde una posición muy diferente.

Luke

Eso es un cambio estructural, no una traición personal. Pero el artículo no dice si Lula intentó fortalecer los sindicatos o si simplemente se adaptó a su debilitamiento.

Mark

¿Qué significa que sea más centralizador después de la prisión?

Mimi

Que escucha a un círculo muy cerrado de asesores de confianza, gente que lo visitó en prisión. Es comprensible después de 580 días adentro, pero también lo aísla.

Luke

Eso es caracterización, no hecho. El artículo dice que es "más centralizador y cerrado", pero no da ejemplos específicos de decisiones que tomó solo o que rechazó consejo externo.

  • Lula quedó segundo en primera vuelta; enfrenta segunda vuelta el 25 de octubre contra Flavio Bolsonaro
  • Pasó 580 días en prisión (2017-2021) por corrupción y lavado de dinero; condenas anuladas por el Supremo
  • La industria brasileña cayó del 30% al 10% del PBI desde los años 70
  • En su tercer mandato gobierna con un Congreso donde la izquierda es minoritaria

Lula quedó segundo en la primera vuelta electoral y enfrentará una segunda vuelta el 25 de octubre para obtener su cuarto mandato o posiblemente terminar su carrera política. El presidente ha evolucionado de un sindicalista radical a un político centroizquierdista pragmático, obligado a negociar con un Congreso conservador y fragmentado en su tercer mandato.

Luiz Inácio Lula da Silva, a los 80 años, compite por su cuarto mandato presidencial en Brasil con una identidad política moderada y pragmática, muy distinta del líder sindical que desafió la dictadura militar en los años 70.

En el barrio exclusivo de Alto de Pinheiros, en la zona oeste de São Paulo, Luiz Inácio Lula da Silva pasó el domingo esperando los resultados de una elección que lo dejó en segundo lugar. A los 80 años, el presidente brasileño enfrenta una segunda vuelta el 25 de octubre contra Flavio Bolsonaro, una contienda que determinará si obtiene su cuarto mandato o si cierra una carrera política de cinco décadas. Lo que está en juego es más que un cargo: es el final de una trayectoria que ha transformado radicalmente su naturaleza política.

El Lula que llegó a estas elecciones es casi irreconocible comparado con el dirigente sindical que encabezaba las grandes huelgas obreras de los años 70. Sigue siendo la principal referencia de la izquierda brasileña, pero su tercer mandato reveló a un político obligado a negociar con un Congreso conservador, a convivir con un electorado menos ideologizado y a buscar acuerdos con sectores que alguna vez fueron sus adversarios. Un militante del Partido de los Trabajadores repartiendo panfletos en la Avenida Paulista lo expresó sin rodeos: Lula ahora es de centro, centroizquierda en el mejor de los casos, pero ya no es esa izquierda radical que luchaba contra el capitalismo. El giro pragmático no es reciente. En 2002, en su cuarto intento presidencial, Lula se desplazó hacia el centro, se alió con el Partido Liberal y publicó la Carta al Pueblo Brasileño. Dentro del PT, una corriente mayoritaria lo llevó hacia alianzas con sectores moderados. Lo que quedó de aquel origen sindical es el prestigio, la autoridad y un discurso que, muchas veces, se convierte en práctica de defensa de los trabajadores.

La transformación económica de Brasil explica en buena medida esta evolución política. El antiguo cinturón industrial del ABC paulista, donde Lula construyó su liderazgo en las fábricas de San Bernardo del Campo, ya no representa una garantía electoral para el PT. La industria representa hoy apenas el 10% del producto interno bruto brasileño, frente al 30% en la época de sus grandes huelgas. El sector se transformó profundamente: la automatización avanzó, las fábricas se redujeron en tamaño y empleados, y los sindicatos se debilitaron. El agronegocio ganó peso decisivo en el desarrollo nacional, especialmente en las exportaciones. El presidente continúa defendiendo a los trabajadores y la distribución del ingreso, pero debe hacerlo en una economía donde los sindicatos tienen menos capacidad de movilización y donde buena parte de los nuevos trabajadores está fuera de las estructuras laborales tradicionales.

Otra marca profunda en su liderazgo proviene de su experiencia carcelaria. Condenado en 2017 por corrupción y lavado de dinero en la investigación Lava Jato, Lula pasó 580 días en prisión hasta que el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas en 2021 por cuestiones de competencia jurisdiccional. Esa experiencia dejó cicatrices visibles en su manera de ejercer el poder. En su tercer mandato se convirtió en un presidente más centralizador y cerrado, que escucha a un pequeño círculo de asesores, generalmente compañeros de partido con décadas de convivencia, y también a su nueva esposa. Su círculo íntimo incluye dirigentes y colaboradores que lo acompañaron durante el encarcelamiento y lo visitaron regularmente en prisión. La prisión, además, reforzó una dimensión personal de su liderazgo: Lula regresó a la política no solo como candidato de un partido, sino como figura capaz de presentarse ante sus seguidores como víctima de una persecución política y judicial. Esa narrativa fue fundamental para su regreso y continúa siendo parte central de su capital político.

El Congreso con el que debe gobernar es mucho menos favorable que el que tuvo en sus dos primeros mandatos. El Poder Legislativo se fortaleció en los últimos años con el aumento de recursos que cada diputado y senador puede incluir en sus enmiendas de ejecución obligatoria, lo que redujo el poder de presión del Ejecutivo. El principal partido de su anterior coalición, el MDB, se fragmentó. El presidente tuvo que lidiar con fuerzas políticas más conservadoras y erráticas en sus posiciones parlamentarias. La necesidad de negociar con ese Congreso consolidó al Lula actual: un dirigente que conserva una identidad de izquierda pero que gobierna más cercano al centro del sistema político.

Sin embargo, el alejamiento de aquel sindicalismo combativo no significa que haya perdido contacto con sus bases originales. Wellington Damasceno, presidente actual del Sindicato de Metalúrgicos del ABC, cargo que ocupó el propio Lula en los años 70, contó que el expresidente lo llamó recientemente para preguntar cómo iba la campaña. Es más habitual que Lula los llame a que ellos lo hagan. Cuando lo hace, pregunta su opinión, da orientación y muestra preocupación por el rumbo que están tomando. Esa relación ayuda a explicar por qué la imagen del obrero que llegó a la presidencia sigue siendo una de las piezas centrales de su identidad política, incluso mientras gobierna desde una posición radicalmente diferente a la que ocupaba hace cinco décadas.

Lula ahora es de centro, centroizquierda en el mejor de los casos, pero ya no es esa izquierda radical que luchaba contra el capitalismo
— Militante del Partido de los Trabajadores
De vez en cuando pasa; incluso, es más habitual que él nos llame a que nosotros lo llamemos. Pero él tiene la costumbre de llamar, saber nuestra opinión, dar orientación y mostrar esa preocupación por el rumbo que estamos tomando
— Wellington Damasceno, presidente del Sindicato de Metalúrgicos del ABC
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