La igualdad es verdaderamente completa cuando se refiere a oportunidades
En el umbral de una nueva era de exploración lunar, el astronauta italiano Luca Parmitano encarna la paradoja de nuestro tiempo: una misión más ambiciosa que el Apolo, pero con una décima parte de sus recursos. Desde su inesperado rol como piloto en Artemis 3, Parmitano observa la carrera espacial no como una pugna de banderas, sino como un capítulo más del lento y accidentado camino evolutivo de la humanidad hacia lo desconocido.
- Artemis 3 ha sido rediseñada como misión de preparación orbital, sin alunizaje, lo que obliga a replantear expectativas y demostrar que la complejidad logística puede superarse antes de tocar suelo lunar.
- Con apenas un año de preparación antes del lanzamiento previsto para finales de 2027, el cronograma presiona a una tripulación que debe dominar maniobras de acoplamiento con naves comerciales nunca antes ensayadas en órbita lunar.
- La ausencia de mujeres en la tripulación de cuatro hombres ha generado controversia, aunque Parmitano defiende que las decisiones respondieron a necesidades operativas y anticipa que futuras misiones reflejarán una diversidad más amplia.
- China emerge como rival geopolítico real, pero Parmitano rechaza el alarmismo: confía en que la exploración espacial, más allá de la competencia, terminará siendo un vector de convergencia para la humanidad.
Luca Parmitano no lo tenía previsto. El astronauta italiano de la ESA, con 367 días acumulados en el espacio a lo largo de dos misiones, se enteró de su designación como piloto de Artemis 3 cuando sus horizontes apuntaban a otros proyectos. Lejos de lamentarse, lo interpreta como una oportunidad para adquirir habilidades que aún no posee. Es piloto experimental, y esta misión, dice, es experimentación pura.
Artemis 3 ya no contempla un alunizaje. Ha sido rediseñada como una operación de preparación que ensayará en órbita baja lunar el acoplamiento con naves comerciales de Blue Origin y SpaceX. La misión es, paradójicamente, más compleja que el Apolo de hace medio siglo —cuatro tripulantes, aterrizadores de mayor tamaño, operaciones en los polos lunares— pero con un presupuesto diez veces inferior. Parmitano no sabe si será posible lograrlo, pero sostiene que no lo sabrán si no lo intentan.
Su serenidad ante la adversidad no es retórica. Durante su segundo paseo espacial, el casco se le llenó de agua: no podía ver, oír ni respirar con normalidad, y tuvo que regresar a la Estación Espacial a ciegas, guiándose por el cable de seguridad. Sus compañeros no percibieron el estrés que soportaba. Esa anécdota circula hoy por los pasillos de la ESA como una lección de temple que ningún currículum puede resumir.
Sobre la presencia europea en la misión, Parmitano la lee como un reconocimiento genuino: la NASA no solo valora la tecnología del módulo de servicio europeo, sino también a las personas que lo representan. Al mismo tiempo, la ESA trabaja por construir una capacidad autónoma de acceso al espacio, paso a paso.
Respecto a China, Parmitano es prudente. Reconoce la competencia geopolítica, pero se pregunta si un desarrollo tecnológico heredado de la tradición soviética podrá alcanzar resultados similares en poco tiempo. Su mirada, de raíz popperiana, no se detiene en quién llegará primero a la Luna, sino en por qué la humanidad sigue mirando hacia arriba: un camino evolutivo, no lineal, pero evolutivo al fin.
Luca Parmitano no esperaba esto. El astronauta italiano de la Agencia Espacial Europea, de 49 años, licenciado en Ciencias Políticas y piloto de pruebas de la Aeronáutica Militar Italiana, ha pasado 367 días en el espacio repartidos en dos misiones —una en 2013, otra en 2019— pero cuando le comunicaron que sería piloto en Artemis 3, la próxima gran apuesta de la NASA para volver a la Luna, admite que no estaba en sus planes. Hace poco se ocupaba del módulo de habitación multipropósito de la Agencia Espacial Italiana, un proyecto pensado para la permanencia de astronautas en la superficie lunar. Sus horizontes eran más lejanos. Pero ahora forma parte de la historia.
Artemis 3 no es lo que fue originalmente. La misión ha sido rediseñada como una operación de preparación que ensayará en órbita baja el acoplamiento con naves de aterrizaje comerciales —las de Blue Origin y SpaceX— sin tocar el suelo lunar. Parmitano rechaza hablar de mala suerte. Es piloto experimental, dice, y esta misión se centra al cien por cien en la experimentación. El rol de piloto es algo que jamás habría imaginado ocupar, pero lo ve como una oportunidad de adquirir habilidades únicas que aún no posee. Para él, todo es positivo.
La complejidad de lo que se aproxima es real. Los vuelos espaciales son extremadamente difíciles. Parmitano lo sabe mejor que la mayoría: durante su segundo paseo espacial, su casco se llenó de agua. No podía ver, no podía oír, apenas podía respirar. Quedó incomunicado y tuvo que regresar a la Estación Espacial a ciegas, guiándose solo por el cable al que estaba enganchado. Su corazón se mantuvo estable. Sus compañeros ni siquiera se percataron del estrés extremo que estaba soportando. El director general de la ESA, Josef Aschbacher, ha dicho que esa anécdota se recuerda en todos los pasillos de la agencia como una lección de serenidad que dice más de un astronauta que cualquier currículum.
Artemis 3 será lanzada a finales de 2027, apenas un año de preparación. Cuando se le señala lo ajustado del cronograma, Parmitano responde con perspectiva histórica: la tripulación del Apolo 11 fue asignada en febrero de 1969 y lanzada en julio del mismo año. Pero el programa actual es más ambicioso que el Apolo de hace 50 años, aunque paradójicamente con un presupuesto diez veces menor. Hace cinco décadas, la NASA disponía de recursos enormes. Hoy, el programa Artemis prevé aterrizadores mucho más grandes, cuatro participantes en lugar de tres, y operaciones en los polos lunares, que son más difíciles y costosas en términos energéticos. Lograr tres lanzamientos de grandes naves espaciales para ponerlas en órbita en el mismo período de tiempo no será fácil. No se sabe si será posible, pero no lo sabrán si no lo intentan.
La ESA ha apostado fuerte en este proyecto. El módulo de servicio europeo propulsará y dará energía a la nave. Colocar a Parmitano, un astronauta europeo, como piloto ha sido un éxito político, pero también práctico. Parmitano lo ve como una señal clara de que la NASA considera a Europa un socio fuerte y valioso, no solo por tecnología y ciencia, sino por personal. Europa quiere apoyar a la NASA con sus valores: puentes, colaboración, relaciones, cooperación. Pero existe también un fuerte deseo por parte de la ESA de generar una capacidad autónoma para el acceso al espacio. Paso a paso, dice Parmitano, es algo que se puede lograr.
Sobre China, Parmitano es cauteloso pero no alarmista. Para la NASA, claramente es una competición. Pero hay muchas maneras de lograr el mismo objetivo. La idea estadounidense es llegar con un programa ambicioso, con una arquitectura que incluye módulos de superficie, sistemas de exploración de alta tecnología y comunicaciones sofisticadas. No se trata solo de plantar una bandera. China posee capacidades tecnológicas extraordinarias, pero también se enfrentará a desafíos para alcanzar un objetivo que sigue siendo extremadamente difícil. Parmitano se pregunta si, partiendo de un desarrollo tecnológico derivado del conocimiento soviético, China podrá lograr resultados similares en poco tiempo. Los sistemas económicos son completamente diferentes: uno se basa en riqueza, el otro en poder. Pero él mantiene optimismo, no sobre quién llegará primero, sino sobre el motivo por el que van allí. Los vuelos espaciales son una proyección geopolítica de poder y tecnología, pero Parmitano tiene una visión popperiana de la humanidad. Cree que se trata de un camino evolutivo, no lineal, con altibajos, pero evolutivo. Al final, el gran sueño de explorar el bienestar de todos en la Tierra es algo que, en última instancia, los unirá y no los separará.
La tripulación de Artemis 3 está compuesta por cuatro hombres. Se le pregunta si es otro efecto de la Administración Trump. Parmitano responde que la gente se ha vuelto daltónica de repente. La igualdad es verdaderamente completa cuando se refiere a oportunidades, no a lo inmediato ni a lo puntual. Si quieren ser una agencia espacial inclusiva y centrada en la diversidad, deben considerar todos los tipos de diversidad. El género es uno, pero existen otros. Observando la tripulación, ve con claridad los orígenes, las trayectorias, las capacidades y la diversidad de muchos otros tipos. Es cierto que falta diversidad de género porque quienes asignaron los puestos priorizaron las necesidades de la misión en lugar de intentar distribuir los roles de la forma más amplia posible. Lo que le sorprende más es la pregunta que la tripulación. Analiza las habilidades que se han distribuido y no le sorprendería ver una futura tripulación con mayoría femenina, del mismo modo que no le sorprendió ver a Christina Koch en la primera misión, ni a Anne McLean y Nicole Ayers como comandante y piloto de la nave Crew 10.
Cuando se le pregunta dónde ve los mayores riesgos en una misión tan compleja, Parmitano enumera: lanzamiento a órbita, estabilización, aproximación, reencuentro, acoplamiento, desacoplamiento, maniobra de aproximación y reentrada. Esencialmente, todas las fases.
Notable Quotes
La exploración espacial sigue siendo muy complicada, pero la ambición es inherente a quienes desean explorar— Luca Parmitano
Creo que se trata de un camino evolutivo de la humanidad, no lineal, con altibajos, pero evolutivo— Luca Parmitano
The Hearth Conversation Another angle on the story
Dice que la tripulación fue elegida por las necesidades de la misión, no por representación. ¿Qué significa eso exactamente?
Significa que cada rol requiere habilidades muy específicas. Cuando tienes cuatro asientos y necesitas un piloto, un especialista en sistemas, alguien con experiencia en acoplamiento, otro en reentrada, no puedes simplemente distribuir los roles para lograr un equilibrio demográfico. Tienes que poner a la persona más capacitada en cada puesto.
Pero ¿no hay mujeres capacitadas para esos roles?
Por supuesto que las hay. Parmitano mismo lo reconoce. Pero en este momento, los candidatos que mejor se ajustaban a las necesidades específicas de esta misión fueron hombres. Eso no significa que la próxima tripulación no sea mayoritariamente femenina.
¿Cómo puede estar tan seguro de eso?
Porque el sistema está cambiando. Hay más mujeres astronautas siendo entrenadas, más mujeres en roles de liderazgo en las agencias espaciales. Christina Koch, Anne McLain, Nicole Ayers ya están en misiones. Es un proceso, no un destino.
Pero mientras tanto, Artemis 3 será cuatro hombres. ¿No es eso un fracaso simbólico para un programa llamado Artemisa?
Sí, lo es. Parmitano lo admite. Pero dice que el símbolo no es lo más importante en este momento. Lo más importante es que la misión funcione, que lleguen a la Luna, que demuestren que es posible. El símbolo vendrá después.
¿Y si no funciona?
Entonces tendremos que aprender por qué, arreglarlo, e intentarlo de nuevo. Eso es lo que significa exploración.