Desde La Habana, la historiadora Ivette García González traza en 2026 una frontera conceptual que pocos se atreven a cruzar: la vulnerabilidad en Cuba ha dejado de ser la condición de los márgenes para convertirse en la experiencia del ciudadano ordinario. Décadas de crisis acumulada —represión, escasez, colapso institucional— han erosionado no solo la economía sino el tejido moral de la sociedad. Su diagnóstico, respaldado por cifras que sitúan al 94% de la población en pobreza extrema y 1.339 presos políticos, apunta a una conclusión que la historia rara vez admite con tanta claridad: cuando
«Los vulnerables en Cuba ya no son segmentos, es la mayoría»: alerta historiadora
1.339 presos políticos registrados en agosto de 2026; 94% de la población en pobreza extrema; ocho de cada diez cubanos han dejado de realizar comidas por falta de dinero o alimentos.