Desde antes de la Revolución Rusa, el Estado soviético —y luego el ruso— ha cultivado una de las tradiciones de espionaje más antiguas y perturbadoras del mundo: la de los 'ilegales', agentes que abandonan su identidad, su lengua y su historia para convertirse en otra persona durante décadas. El libro de Shaun Walker ilumina cómo América Latina ha servido de cantera de identidades falsas para estas operaciones, recordándonos que la geopolítica no solo se libra en capitales y cumbres, sino también en vidas robadas y familias fracturadas.
Los vínculos latinoamericanos del programa de espionaje más secreto de Rusia
Familias separadas por deportaciones: dos hijos estadounidenses de espías rusos fueron separados de sus padres en 2010 cuando fueron arrestados y deportados a Rusia.