En el corazón de Europa, los Veintisiete negocian el destino de casi dos billones de euros para el período 2028-2034, y en ese proceso emerge una paradoja reveladora: los mismos gobiernos que recortan sus propias administraciones nacionales apuntan ahora a reducir los fondos de las instituciones comunitarias que los representan. Es una tensión antigua entre la soberanía del gasto nacional y el proyecto colectivo europeo, que la presidencia irlandesa deberá intentar resolver antes de la cumbre de octubre.