Lo que comenzó como un exceso de inventario en los depósitos chinos se ha convertido, gracias a la guerra en Oriente Próximo y el encarecimiento del petróleo, en una oportunidad histórica para los fabricantes de vehículos eléctricos de China. En mercados emergentes que nunca habían considerado seriamente la movilidad eléctrica, la crisis energética ha actuado como catalizador, y las marcas chinas —con precios imbatibles y cadenas de suministro maduras— han llegado primero. Lo que se observa no es solo un cambio de cuota de mercado, sino una posible reconfiguración permanente del orden automotr