Los últimos días de Federico García Lorca: reconstrucción de su trágico verano de 1936

Federico García Lorca fue fusilado el 17 de agosto de 1936 junto a Dióscoro Galindo, Francisco Galadí Melgar y Juan Arcollas Cabezas; su cuñado Manuel Fernández Montesinos fue ejecutado el 16 de agosto; otros amigos y colegas políticos también fueron asesinados durante la represión en Granada.
La ausencia del cuerpo es también una forma de represión que continúa
Los herederos de Lorca priorizaron la memoria colectiva sobre la búsqueda individual de restos, dejando abierta la pregunta sobre dónde reposan.
Mark

¿Por qué importa reconstruir estos días específicos, estos detalles de julio y agosto de 1936?

Mimi

Porque la precisión es un acto de justicia. Cada fecha, cada nombre, cada gesto —la llamada a Constantino Ruiz Carnero, la acogida en casa de los Rosales— es un hilo que conecta a una persona real con su muerte. Sin esos detalles, Lorca se convierte en un símbolo abstracto. Con ellos, es un hombre que escribía notas que no recibían respuesta.

Mark

La nota del 17 de agosto, pidiendo dinero a su padre. ¿Qué sabemos realmente sobre eso?

Mimi

Solo lo que Francisco Murillo, el exchofer, contó después. Que el padre de Lorca entregó dos mil pesetas a "el Panaero", sin saber que su hijo ya estaba muerto. Es un detalle que duele precisamente porque es incompleto, porque no sabemos si Federico escribió eso esperando salvarse, o si es una reconstrucción de lo que pudo haber pasado.

Mark

¿Cómo un poeta que apoyaba públicamente al Frente Popular pero no se afilió al Partido Comunista termina siendo ejecutado?

Mimi

Por vaguedad política convertida en acusación. Las denuncias contra él no eran específicas: ideología izquierdista, amistades con políticos de izquierda, ser laico, insinuaciones sobre su vida privada. En un régimen que necesitaba enemigos, la ambigüedad era suficiente. Y la orientación sexual se usaba como arma de humillación.

Mark

Los hermanos Rosales intentaron salvarlo. ¿Qué pasó?

Mimi

Hicieron lo que pudieron. José discutió directamente con Valdés. Luis obligó a Ruiz Alonso a cuadrarse ante un superior. Pero Valdés dijo que había una denuncia que investigar. Ambos sufrieron represalias después por intentar proteger a su huésped. El sistema era más fuerte que la amistad, aunque la amistad lo intentó.

Mark

¿Por qué los herederos de Lorca decidieron no buscar sus restos específicamente?

Mimi

Porque entendieron algo importante: que buscar solo a Lorca sería olvidar a los otros. Dióscoro Galindo, Francisco Galadí Melgar, Juan Arcollas Cabezas, Constantino Ruiz Carnero, Manuel Fernández Montesinos. Mantener el lugar como memoria colectiva era una forma de no traicionar a los otros muertos, de no permitir que la historia se redujera a un solo nombre, por importante que fuera.

Mark

¿Qué queda sin respuesta?

Mimi

Dónde están sus restos. Las excavaciones desde 2009 no han encontrado nada. Y eso importa, no porque Lorca merezca más que otros, sino porque la ausencia del cuerpo es también una forma de represión que continúa. El régimen no solo lo mató; también lo hizo desaparecer.

  • Fusilado el 17 de agosto de 1936 junto a Dióscoro Galindo, Francisco Galadí Melgar y Juan Arcollas Cabezas
  • Detenido el 16 de agosto por Ramón Ruiz Alonso tras acusaciones vagas de ideología izquierdista
  • Su cuñado Manuel Fernández Montesinos fue ejecutado el 16 de agosto
  • Excavaciones desde 2009 en Víznar han resultado infructuosas
  • Constantino Ruiz Carnero, amigo de Lorca, fue fusilado el 8 de agosto de 1939

Lorca fue detenido el 16 de agosto por Ramón Ruiz Alonso tras una denuncia política, trasladado al Gobierno Civil y luego a la Colonia en Alfacar, donde fue ejecutado al amanecer junto a otros tres hombres. El poeta apoyó públicamente al Frente Popular pero mantuvo independencia política; su detención se basó en acusaciones vagas sobre ideología izquierdista, amistades políticas y orientación sexual, sin denuncia escrita formal.

En el 90º aniversario del asesinato del poeta, el académico Andrés Soria Olmedo reconstruye meticulosamente los pasos de Federico García Lorca durante el verano trágico de 1936, desde su llegada a Granada hasta su fusilamiento el 17 de agosto.

A principios de julio de 1936, Federico García Lorca escribió una nota breve en papel membretado de la revista Cruz y Raya. "Querido Pepe: he estado a verte y creo que volveré mañana", decía el mensaje dirigido al director José Bergamín, dejado sobre el manuscrito de Poeta en Nueva York. Era una de las dos notas que el poeta escribiría sin obtener respuesta. La segunda llegó el 17 de agosto: "Papá, harás el favor de darle al dador dos mil pesetas". Su padre, sin saberlo, entregó el dinero a quien sería identificado después como uno de los asesinos. Entre esas dos fechas cabe la historia de los últimos días de Lorca, reconstruida ahora en el 90 aniversario de su muerte.

Lorca había regresado a Granada el 13 de julio, cinco días antes del golpe militar. Sus padres lo precedieron desde Madrid en mayo. El poeta llegaba con manuscritos nuevos: La casa de Bernarda Alba, que había terminado el 19 de junio tras lecturas para amigos; El sueño de la vida, un drama social con participación del público; Los sueños de mi prima Aurelia, que quedaría trunco como un bordado interrumpido. Traía también El público, el manuscrito que entregaría a su amigo Rafael Martínez Nadal con instrucciones de destruirlo si algo le sucedía. En abril había leído por radio una alocución sobre la Semana Santa granadina. En junio, entrevistado por Luis Bagaría en El Sol de Madrid, caracterizó a Granada como "una ciudad pobre, acobardada" donde se agitaba "la peor burguesía de España". Lorca había apoyado públicamente al Frente Popular tras su victoria electoral en febrero, aunque nunca se incorporó al Partido Comunista. Su independencia de criterio era evidente.

El 14 de julio se instaló en la Huerta de San Vicente, la casa familiar. Telefoneó a su amigo Constantino Ruiz Carnero, director de El Defensor de Granada, quien anunció su llegada en primera plana al día siguiente. Mientras se celebraban el santo del padre y el hijo —ambos llamados Federico, el 18 de julio— el golpe de Estado ya estaba en marcha. En Granada estalló el 20 de julio. El cuñado de Lorca, Manuel Fernández Montesinos Lustau, alcalde socialista desde hacía apenas días, fue detenido. El comandante Valdés Guzmán asumió el Gobierno Civil. La capital quedó aislada, agravando la represión. La resistencia en el Albaicín duró tres días.

El 6 de agosto un escuadrón de falangistas al mando del capitán Rojas entró en la Huerta para hacer un registro sin consecuencias. Al día siguiente, Alfredo Rodríguez Orgaz, arquitecto municipal y amigo de Federico, llegó huyendo de perseguidores. El padre de Lorca lo ayudó a cruzar a zona republicana. Federico no se resolvió a acompañarlo. El 9 de agosto, una docena de hombres armados irrumpió para interrogar al casero Gabriel Perea sobre sus hermanos, acusados de matar a dos tratantes. Maltrataron a la madre y las hijas de Perea. A Federico lo insultaron y le pegaron. Aterrorizado, buscó a Luis Rosales, poeta y amigo cuyos hermanos mayores eran falangistas de la primera hora.

Desde el 11 de agosto la familia Rosales lo acogió en su casa de la calle Angulo. Allí se fue serenando, alternando con todos, especialmente con Esperanza Camacho, la madre, y la tía Luisa. Todo cambió el 16 de agosto. De madrugada fue fusilado en el cementerio Manuel Fernández Montesinos, el cuñado de Lorca. A primera hora de la tarde de ese mismo día, Federico fue detenido con gran despliegue de guardias y milicias al mando de Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de la CEDA a quien José Antonio Primo de Rivera llamó "El obrero amaestrado". Lo llevaron al Gobierno Civil, a 300 metros de la calle Angulo, y lo encerraron en un despacho. Cuando los hermanos Rosales —José y Luis— llegaron por la noche a pedir cuentas, Valdés aludió a la existencia de una denuncia contra Federico que estaba obligado a investigar. Ambos hermanos sufrieron represalias después por parte de los suyos.

Aquella noche trasladaron a Lorca al Palacio del Cuzco en Víznar, donde estaba el cuartel general del sector militar dirigido por el capitán falangista José Nestares Cuéllar, y después a la Colonia, camino de Alfacar, donde se tenía a los presos antes de ejecutarlos. Federico García Lorca fue fusilado al amanecer junto a Dióscoro Galindo, maestro de Pulianas; Francisco Galadí Melgar y Juan Arcollas Cabezas, banderilleros anarquistas. Las gestiones de Manuel de Falla y de Luis y José Rosales ante el gobernador militar llegaron tarde. Aunque no hubo denuncia escrita, el Extracto del expediente de Responsabilidades Políticas de 1940 recogía acusaciones vagas: "Se ignora su filiación política pero su ideología es francamente izquierdista", decía, mencionando sus amistades con Fernando de los Ríos y otros políticos de izquierda, su condición de laico, y una insinuación sobre su vida privada. La violencia del lenguaje judicial y policial, con sus insinuaciones e injurias, revelaba más que cualquier acusación formal.

En ausencia del cuerpo, quedó la presencia del lugar. Los herederos de Lorca difundieron un parecer en 2003 priorizando mantener el lugar de enterramiento como memoria colectiva pública y civil, sin seleccionar ningún cuerpo individual. Desde 2009, excavaciones sucesivas en 2014, 2016 y hasta ahora han resultado infructuosas. La pregunta sobre dónde reposan los restos del poeta permanece abierta, como la memoria que José Ángel Valente capturó en su poema Víznar: hermanos, viudas e hijos de los muertos subiendo hacia el barranco con grandes ramos, inciertos de dónde había sucedido, dejando flores en lugares tanteantes, sabiendo que "él ya no es él. Es el nombre que toma la memoria, no extinguible, de todos".

Se ignora su filiación política pero su ideología es francamente izquierdista
— Extracto del expediente de Responsabilidades Políticas, 1940
Él ya no es él. Es el nombre que toma la memoria, no extinguible, de todos
— José Ángel Valente, poema Víznar (1988)
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