En la intersección entre la tecnología y la justicia, los tribunales españoles comienzan a trazar los contornos de una nueva forma de violencia: aquella que no requiere presencia física para herir. Un punto en WhatsApp, una llamada perdida, un 'me gusta' silencioso en Instagram —gestos que en otro contexto serían invisibles— se convierten, bajo una orden de alejamiento, en actos con consecuencias penales. La justicia avanza, lenta pero firmemente, hacia el reconocimiento de que el espacio digital no es tierra de nadie, y que el daño que allí se inflige es tan real como el que deja marca en el
Los tribunales persiguen el acoso digital de agresores machistas en órdenes de alejamiento
Las mujeres víctimas de violencia de género sufren acoso continuo a través de plataformas digitales que vulnera órdenes de alejamiento, afectando su integridad física y psicológica sin necesidad de presencia física del agresor.