Los tres pilares del ARN mensajero según Katalin Karikó, Premio Nobel de Medicina

El paciente generará la proteína por sí mismo
Karikó describe el futuro de la medicina donde las células del cuerpo producen sus propias proteínas terapéuticas.
Mark

¿Por qué estas tres cosas —codificación, entrega, respuesta inmunitaria— son tan importantes? ¿No podrían funcionar sin una de ellas?

Mimi

No. Si no codificas correctamente las instrucciones, las células no saben qué proteína hacer. Si no entregas el ARNm de forma segura, se degrada antes de llegar a donde necesita ir. Y si no desencadenas la respuesta inmunitaria correcta, el cuerpo no aprende a defenderse. Los tres tienen que funcionar juntos.

Luke

Pero espera. El artículo dice que Karikó estudiaba esto para el cáncer antes del COVID. ¿Cuánto de lo que sabemos sobre la seguridad a largo plazo viene de esos estudios tempranos versus de la experiencia de COVID? Porque eso es diferente.

Mark

Buena pregunta. Entonces, ¿la tecnología es la misma, pero simplemente se aplicó a un virus en lugar de a un tumor?

Mimi

Sí, exactamente. El mecanismo es idéntico. Le das a las células instrucciones para hacer una proteína, el cuerpo la reconoce como extraña, y el sistema inmunológico aprende a atacarla. Funciona para virus, funciona para cáncer.

Luke

El artículo menciona ensayos clínicos para cáncer de páncreas que duraron dieciocho meses. Eso es... no es mucho tiempo en términos de medicina. ¿Qué significa "ninguno sufrió recaída"? ¿Significa que fueron curados, o simplemente que no recayeron en ese período?

Mimi

Probablemente lo segundo. Dieciocho meses es un buen resultado para el cáncer de páncreas, que es muy agresivo. Pero no es lo mismo que decir que la gente está curada para siempre.

Mark

Karikó dice que esto será "asequible" porque será "barato de hacer". ¿Eso es una promesa o una observación sobre cómo funciona la tecnología?

Mimi

Es una observación. Una vez que tienes el proceso, producir ARNm es más simple que cultivar virus debilitados o fabricar proteínas en laboratorio. Pero "asequible" depende de quién lo fabrique y cómo se distribuya.

Luke

Exacto. Y el artículo no dice nada sobre los costos reales de desarrollo, fabricación a escala, o cómo se fijará el precio. Karikó habla del potencial, no de la realidad del mercado.

Mark

Entonces, ¿cuándo podríamos ver estas terapias para Parkinson, Alzheimer, enfermedades cardíacas?

Mimi

Karikó dice que ya hay ensayos en marcha. Pero "en marcha" no significa que estén cerca de aprobación. Estos procesos toman años.

Luke

Y el artículo no da fechas. Solo dice que los ensayos continuaron hasta enero de 2022. No sabemos dónde están ahora, en 2024.

  • Una tecnología ignorada durante décadas irrumpió en el centro de la respuesta global al COVID-19, salvando millones de vidas con una velocidad de desarrollo sin precedentes.
  • El ARNm no introduce virus debilitados sino instrucciones genéticas precisas: las propias células del paciente fabrican la proteína que entrena al sistema inmune, un cambio de paradigma radical frente a las vacunas tradicionales.
  • Los tres pilares que sostienen esta plataforma —codificación genética, entrega mediante nanopartículas lipídicas y activación inmunitaria— abren la puerta a tratamientos para enfermedades que hoy parecen intratables.
  • Ensayos clínicos en cáncer de páncreas, el más letal de su clase, ya muestran que la vacuna de ARNm activó el sistema inmune en la mitad de los pacientes sin recaídas durante dieciocho meses.
  • Karikó proyecta una medicina del futuro donde el propio paciente genera proteínas terapéuticas de forma autónoma: tratamientos baratos, personalizados y con efectos secundarios mínimos para el Parkinson, el Alzheimer y el cáncer.

Detrás de las vacunas que detuvieron la peor pandemia del siglo existe una historia de décadas de perseverancia silenciosa. Katalin Karikó, investigadora húngara que emigró con poco más que su convicción científica, construyó los cimientos moleculares del ARN mensajero mucho antes de que el mundo supiera que los necesitaría. Hoy, con el Premio Nobel en mano y la vista puesta en el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas, Karikó nos recuerda que la ciencia más transformadora suele gestarse en los márgenes del reconocimiento.

Cuando Pfizer y Moderna emergieron como las vacunas más eficaces contra el COVID-19, compartían un secreto molecular: estaban construidas sobre el ARN mensajero, una plataforma que permitió devolver cierta normalidad al mundo sin cuarentenas perpetuas. Detrás de ese avance estaba Katalin Karikó, investigadora húngara nacida en 1955 bajo el régimen soviético, quien emigró a Estados Unidos en 1985 con su familia y enfrentó años de puertas cerradas y desconfianza académica antes de encontrar su lugar en BioNTech. En 2023 recibió el Premio Nobel de Medicina.

Según Karikó, la tecnología descansa sobre tres pilares. El primero es la codificación: se diseña sintéticamente una secuencia de ARNm que instruye a las células para producir una proteína específica, como la proteína de espiga del SARS-CoV-2. El segundo es la entrega: el ARNm, frágil por naturaleza, se encapsula en nanopartículas lipídicas que lo protegen y facilitan su entrada celular. El tercero es la respuesta inmunitaria: una vez traducida la proteína, el sistema inmune la reconoce como extraña, produce anticuerpos y activa células T que preparan al organismo para combatir el patógeno real.

Pero la ambición original de Karikó nunca fue la pandemia. Antes de que el COVID-19 existiera, ya investigaba cómo el ARNm podría tratar el cáncer y la insuficiencia cardíaca. Un estudio publicado en Nature mostró resultados alentadores: una vacuna de ARNm contra el cáncer de páncreas activó el sistema inmune en la mitad de los pacientes de un ensayo de Fase I, sin recaídas en dieciocho meses.

Karikó traza una línea histórica desde el aislamiento de la insulina en los años veinte hasta la producción de proteínas recombinantes en los ochenta, y señala que el próximo capítulo es que el propio paciente genere sus proteínas terapéuticas. Será, dice, un tratamiento asequible, de producción barata y efectos secundarios mínimos: la medicina personalizada que hoy apenas se vislumbra en el horizonte.

Cuando la pandemia de COVID-19 azotó el mundo hace cuatro años, dos vacunas se destacaron entre todas las demás por su capacidad de prevenir las formas más graves de la enfermedad: Pfizer y Moderna. Ambas compartían algo en común que las hacía revolucionarias. Estaban construidas sobre una plataforma molecular completamente nueva llamada ARN mensajero, una tecnología que permitió salvar millones de vidas y devolver a las sociedades a algo parecido a la normalidad sin condenarlas a cuarentenas perpetuas.

Detrás de este avance científico está Katalin Karikó, una investigadora húngara nacida en 1955 durante la era soviética, cuando el régimen comunista dejaba poco espacio para la ambición personal. A pesar de sus orígenes humildes, Karikó logró completar un doctorado en Bioquímica en la Universidad de Szeged. A los treinta años, en 1985, emigró a Estados Unidos con su esposo e hija, aunque los primeros años fueron difíciles: puertas cerradas, incomprensión de colegas, incluso boicot de quienes desconfiaban o envidiaban su trabajo. En 2013, después de años en la Universidad de Pennsylvania donde sus investigaciones no encontraron el apoyo que buscaba, se mudó a BioNTech en Alemania, la empresa fundada por Ugur Sahin y Özlem Türeci. Karikó ganó el Premio Nobel de Medicina en 2023 por su trabajo pionero en la tecnología de ARN mensajero.

La científica comenzó sus investigaciones en ARNm con un objetivo muy diferente al que finalmente la haría famosa. Quería tratar el cáncer y las enfermedades cardíacas. El COVID-19 cambió el curso de su trabajo, pero no detuvo su visión original. Según Karikó, la tecnología de ARN mensajero funciona sobre tres pilares fundamentales. Primero, la codificación: el ARNm es una molécula que transporta instrucciones genéticas del ADN al ribosoma, donde se sintetizan las proteínas. En las vacunas, se diseña sintéticamente una secuencia específica de ARNm que codifica una proteína de interés, como la proteína de espiga del virus SARS-CoV-2, permitiendo que las células del cuerpo lean esas instrucciones y produzcan la proteína deseada.

El segundo pilar es la entrega. El ARNm es frágil y debe ser protegido para llegar eficientemente a las células. Esto se logra encapsulándolo en nanopartículas lipídicas, estructuras microscópicas que protegen el material genético de la degradación y facilitan su entrada en las células. Una vez dentro, el ARNm es liberado y puede ser traducido en la proteína objetivo. El tercer pilar es la respuesta inmunitaria. Cuando el ARNm es traducido en la proteína dentro de las células, esa proteína es reconocida por el sistema inmunológico como algo extraño. Esto desencadena una respuesta defensiva completa: producción de anticuerpos y activación de células T que preparan el cuerpo para reconocer y combatir el patógeno real si se encuentra con él en el futuro.

Esta aproximación es fundamentalmente diferente de las vacunas tradicionales. Mientras que las vacunas convencionales introducen un patógeno debilitado o inactivo para estimular una respuesta inmunológica, las vacunas de ARNm no contienen el virus en sí. En cambio, proporcionan instrucciones genéticas para que las propias células del cuerpo fabriquen una pieza inofensiva del virus. Las células usan esas instrucciones para producir una proteína específica del virus que, aunque es inocua por sí sola, es suficiente para que el sistema inmunológico la reconozca como invasora y construya una defensa.

Durante la pandemia, la plataforma de ARN mensajero se destacó por su innovación, volumen de producción, seguridad y eficacia sin precedentes. Pero Karikó nunca abandonó su ambición original. En una entrevista con Infobea en París en junio de 2022, durante la entrega de los Premios L'Oreal-Unesco Por las Mujeres en la Ciencia, explicó que quería seguir estudiando cómo el ARN mensajero podría curar heridas, sanar huesos y combatir el cáncer. Un estudio publicado en Nature mostró resultados prometedores: una vacuna de ARNm para un tipo de cáncer de páncreas, el más letal entre los cien tipos identificados, activó el sistema inmune en la mitad de los dieciséis pacientes en ensayos de Fase I, y ninguno sufrió recaída durante los dieciocho meses que duró el estudio.

Karikó señala que dos años antes de que llegara el COVID-19, ya estaba estudiando estas proteínas para enfrentar el cáncer y la insuficiencia cardíaca. Los ensayos clínicos continuaron hasta enero de 2022 y tuvieron buenos resultados. Cuando se le pregunta sobre el futuro de la plataforma de ARN mensajero, Karikó reflexiona sobre el tiempo perdido. En los años veinte del siglo pasado, los científicos aislaron las proteínas de la insulina. No fue hasta los años ochenta que comenzaron a crear proteínas que podían producirse dentro de la célula. Ahora, dice, el nuevo capítulo es que el paciente generará la proteína por sí mismo. Serán moléculas que instruyen a las células para fabricar proteínas terapéuticas de manera autónoma. Lo más importante, subraya, es que será un tratamiento asequible porque será barato de producir, y los efectos secundarios serán mínimos. Esta es la medicina del futuro que Karikó vislumbra: tratamientos personalizados, económicos y seguros para enfermedades que hoy parecen incurables.

Quiero centrarme en diseñar un ARN mensajero que codifique proteínas terapéuticas, que ayude a curar heridas, sanar huesos y cure a pacientes con cáncer
— Katalin Karikó, en entrevista con Infobea en París, junio de 2022
Perdimos mucho tiempo. Ahora el nuevo capítulo es que el paciente generará la proteína por sí mismo. Lo más importante es que será un tratamiento asequible porque será barato de hacer, y luego no tienes demasiados efectos secundarios
— Katalin Karikó, sobre el futuro de la plataforma de ARN mensajero
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