Los trabajadores adoptan IA más rápido que las empresas, advierte Google Cloud

No es una ola que pase sobre nosotros, sino con nosotros
Montoya rechaza la idea de que la IA sea una fuerza inevitable, enfatizando que las decisiones humanas moldean su impacto.
Mark

¿Por qué dice que los trabajadores están adoptando IA más rápido que las empresas? ¿Qué significa eso en la práctica?

Mimi

Significa que un analista está usando ChatGPT o herramientas similares para acelerar su trabajo sin esperar a que su empresa le dé permiso formal o capacitación. Lo hace porque funciona. Las empresas aún están debatiendo políticas mientras los empleados ya están resolviendo problemas.

Mark

¿Eso no es un problema de seguridad o control?

Mimi

Podría serlo, pero Montoya lo ve como una realidad que las empresas deben asumir, no ignorar. Si los líderes reconocen lo que está pasando, pueden crear marcos seguros en lugar de simplemente prohibir.

Mark

Habla de tres pilares. ¿Por qué el cambio en las personas es tan central?

Mimi

Porque la tecnología sin cambio cultural es solo una herramienta más en el escritorio. Si la gente sigue pensando en los problemas de la misma forma, la IA solo automatiza lo viejo. El verdadero valor viene cuando alguien se pregunta: ¿y si lo hiciéramos completamente diferente?

Mark

¿Quién debería liderar la adopción de IA en una empresa entonces?

Mimi

Eso es lo interesante. No debería ser solo TI. Debería ser todos. Marketing necesita pensar en IA para sus campañas, finanzas para sus modelos, producción para sus procesos. Si solo TI lidera, la mayoría de la organización se queda atrás.

Mark

¿Qué pasa con las empresas que se mueven lentamente?

Mimi

Corren el riesgo de que sus mejores talentos se vayan a lugares donde pueden experimentar y crecer. Y sus competidores que se mueven rápido van a encontrar formas de hacer las cosas que ellos ni siquiera imaginaron.

  • Los empleados ya usan IA a diario para acelerar análisis, automatizar tareas y explorar posibilidades que sus propias empresas aún no han considerado formalmente.
  • Las organizaciones corren el riesgo de quedar rezagadas respecto a su propia gente, creando un vacío peligroso entre la práctica real y la política institucional.
  • Implementar tecnología es la parte fácil; el verdadero obstáculo es transformar la cultura interna, cambiar cómo los equipos piensan, colaboran y se cuestionan su trabajo.
  • Muchas empresas caen en la trampa de usar IA solo para hacer más rápido lo que ya hacían, sin replantearse los procesos ni los modelos de negocio desde su raíz.
  • La responsabilidad de la adopción de IA no puede concentrarse en el área de tecnología: debe distribuirse en toda la organización, desde finanzas hasta servicio al cliente.
  • Los líderes ejecutivos deben crear estructuras que hagan que la adopción ya en curso sea segura, ética y alineada con los objetivos estratégicos de la empresa.

En un momento en que la inteligencia artificial avanza más rápido que las políticas que pretenden regularla, Diego Montoya Barragán de Google Cloud advierte que los trabajadores ya han tomado la delantera: adoptan herramientas de IA en su vida laboral cotidiana sin esperar instrucciones formales de sus organizaciones. Esta brecha entre la iniciativa individual y la inacción institucional no es una crisis tecnológica, sino un espejo cultural que refleja cuán lento responden las estructuras de poder ante el cambio. El futuro, sostiene Montoya, no llegará como un tsunami inevitable, sino como una corriente que las empresas aún pueden aprender a navegar, si deciden hacerlo con intención.

Diego Montoya Barragán, al frente de las operaciones de Google Cloud en Perú y Ecuador, lanzó durante una conferencia reciente una advertencia que pocos ejecutivos quieren escuchar: sus propios empleados ya los han superado. Sin esperar políticas formales ni directrices corporativas, los trabajadores están incorporando herramientas de inteligencia artificial a su rutina diaria, explorando posibilidades que las organizaciones aún no han formalizado. Las empresas, en otras palabras, están corriendo detrás de su propia gente.

Montoya rechaza la narrativa del apocalipsis tecnológico. La IA no es un tsunami que arrasa con todo a su paso, sino una ola que avanza junto a nosotros, moldeada por las decisiones que tomemos. Esa distinción es crucial: sugiere que el futuro no está escrito, y que las organizaciones todavía tienen margen para actuar, pero solo si lo hacen con deliberación y no como reacción tardía.

Para orientar esa acción, propone tres pilares interdependientes: la tecnología como habilitador, el cambio cultural centrado en las personas, y la transformación empresarial integral. Es el segundo pilar donde más organizaciones tropiezan. Adoptar una herramienta es relativamente sencillo; cambiar cómo los equipos piensan sobre su trabajo, cómo colaboran y qué preguntas se atreven a hacer, es un desafío de otra magnitud.

Montoya también alerta sobre una trampa frecuente: usar IA únicamente para automatizar lo que ya existe, sin cuestionar si ese proceso debería existir tal como está. La pregunta más poderosa no es cómo hacer algo más rápido, sino qué se vuelve posible cuando dejamos de estar limitados por la forma en que siempre lo hemos hecho.

Finalmente, subraya que la adopción de IA no puede ser responsabilidad exclusiva del área de tecnología. Si solo el departamento de TI está pensando en inteligencia artificial mientras el resto de la organización opera como siempre, el potencial transformador se desperdicia. La estrategia debe distribuirse en toda la empresa, con líderes que reconozcan lo que ya está ocurriendo en sus organizaciones y construyan marcos que lo encaucen de manera segura y ética. La tecnología abre puertas. Son las personas quienes deciden por cuál caminar.

Diego Montoya Barragán, quien dirige las operaciones de Google Cloud en Perú y Ecuador, tiene un mensaje para los ejecutivos de la región: dejen de esperar. Durante una conferencia sobre cómo la inteligencia artificial está redefiniendo industrias, planteó una observación incómoda que está ocurriendo en las empresas de todo el mundo. Los trabajadores ya están usando IA en sus tareas cotidianas, adoptando herramientas y procesos sin esperar a que sus organizaciones establezcan políticas formales. Las compañías, en otras palabras, están quedando atrás de su propia gente.

Montoya rechazó la idea de que la IA sea una fuerza inevitable que simplemente pasará sobre nosotros. "No es una ola estilo tsunami", explicó, sino una ola tecnológica que avanzará con nosotros, moldeada por las decisiones que tomemos y cómo decidamos aprovecharla. Esa distinción importa porque sugiere que el futuro no está predeterminado. Las empresas tienen poder en este momento, pero solo si actúan deliberadamente en lugar de reaccionar después.

Para que esa acción sea efectiva, Montoya propone una estructura de tres pilares. El primero es la tecnología misma, pero no como un fin en sí mismo. El segundo es el cambio que comienza con las personas, reconociendo que la adopción de IA no es simplemente un proyecto tecnológico sino también cultural. El tercero es la transformación empresarial integral. Ese segundo pilar es donde muchas organizaciones tropiezan. Implementar una herramienta es relativamente fácil. Cambiar cómo la gente piensa sobre su trabajo, cómo colaboran, qué preguntas se hacen, es mucho más difícil.

Montoya también advierte contra una trampa común: usar IA solo para automatizar lo que ya existe. Una empresa podría usar inteligencia artificial para procesar facturas más rápido o responder correos electrónicos sin pensar en lo que realmente podría cambiar. En lugar de eso, sugiere que las organizaciones deberían preguntarse cómo podrían replantear completamente un proceso o un modelo de negocio. ¿Qué se vuelve posible cuando no estamos limitados por la forma en que siempre lo hemos hecho?

La realidad actual es que los empleados ya se están haciendo esas preguntas por su cuenta. Están usando IA para acelerar análisis, para completar tareas más rápido, para explorar posibilidades que sus empresas aún no han considerado formalmente. Eso significa que la responsabilidad de la adopción no puede recaer únicamente en los departamentos de tecnología. Si solo el área de TI está pensando en IA, mientras que marketing, finanzas, producción y servicio al cliente continúan como siempre, la organización está desperdiciando el potencial real de la transformación.

Montoya enfatiza que aunque habrá un líder que articule la estrategia de IA, esa persona no puede ser la única responsable. La incorporación de inteligencia artificial debe ser una responsabilidad distribuida en toda la empresa. Eso requiere que los líderes ejecutivos asuman la realidad de lo que ya está sucediendo en sus organizaciones y creen estructuras que permitan que esa adopción sea segura, ética y alineada con los objetivos empresariales.

Mirando hacia adelante, Montoya anticipa una evolución que combinará infraestructura, chips especializados, datos, modelos de IA, plataformas y agentes autónomos. Pero subraya un punto crítico: aunque la tecnología será determinante, serán las decisiones de los líderes las que definan cómo se integra realmente en la empresa. La tecnología abre puertas. Las personas deciden por cuál caminar.

El trabajador hoy adopta más rápido la IA para acelerar análisis y tareas. Entonces, las empresas tienen que asumir la realidad
— Diego Montoya Barragán, country manager de Google Cloud para Perú y Ecuador
La incorporación de IA no es una área funcional, es una responsabilidad de toda la organización
— Diego Montoya Barragán
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