En la intersección entre el miedo y la realidad, la inteligencia artificial ocupa hoy el lugar que antes ocupaban otras amenazas digitales que tampoco cumplieron sus peores profecías. Lo que los titulares de 2026 presentan como el amanecer de una era cibernética apocalíptica resulta ser, bajo escrutinio, el mismo ciclo de alarma y corrección que la ciberseguridad ha repetido durante décadas. El verdadero peligro no reside en agentes rebeldes ni en modelos omnipotentes, sino en la negligencia acumulada frente a vulnerabilidades básicas que cualquier hacker con técnicas rudimentarias puede explo