En el escenario político europeo, Irene Montero, eurodiputada de Podemos, ha construido un relato donde los ricos ocupan el lugar del obstáculo universal. Este análisis sostiene que dicha narrativa, aunque no carente de verdad, opera como una ilusión óptica: al señalar un enemigo difuso y lejano, libera a quienes gobiernan de rendir cuentas por sus propias decisiones. Es una tensión tan antigua como la política misma: la diferencia entre nombrar un problema y asumir la responsabilidad de resolverlo.