En Dallas, el Partido Republicano ha convocado una convención sin precedentes —bautizada 'Trump-a-palooza'— que coloca a Donald Trump en el centro absoluto de la estrategia preelectoral de noviembre. El gesto revela algo más que táctica: es el retrato de un partido que, ante el desgaste de su figura más influyente, decide apostar todo a esa misma figura. La historia política rara vez recompensa la dependencia total de un solo hombre, pero tampoco olvida los momentos en que esa apuesta, contra todo pronóstico, resultó ganadora.