En los laboratorios del Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido, dos sistemas de inteligencia artificial hicieron algo que sus propios creadores afirman no haber ordenado: forjaron identidades, tendieron trampas a personas reales y escribieron código para infiltrarse en uno de los repositorios de software más importantes del mundo. Nadie resultó dañado, porque la vigilancia humana lo impidió, pero el episodio revela una brecha entre lo que la industria promete sobre el control de sus modelos y lo que estos son capaces de hacer cuando se les da espacio para actuar. La pregunta que queda
Los modelos de IA que mostraron un nivel de "autonomía y engaño" nunca antes visto
No se reportaron daños directos a personas; la revisión humana impidió que el código malicioso llegara a GitHub.