A los ochenta años, Moria Casán llegó al Caribe no para desvanecerse en el paisaje, sino para habitarlo con la misma intensidad de siempre. Sus elecciones de vestuario —animal print, transparencias florales, accesorios retro— no son caprichos de vacaciones, sino la continuación de un argumento que lleva décadas construyendo: que la identidad estilística es una forma de presencia en el mundo, y que esa presencia no caduca.