Tras una década de avances militares contra el ISIS, los kurdos enfrentan un nuevo orden regional donde potencias como EE.UU. e Israel priorizan Estados-nación centralizados sobre proyectos autonómicos. En Siria, las milicias kurdas disuelven sus fuerzas tras negociar derechos lingüísticos; en Turquía, el PKK acepta un proceso de desarme para trasladar la cuestión kurda del ámbito militar al político.