Una generación de jóvenes españoles está reescribiendo el contrato social con el trabajo: en lugar de seguir el camino trazado por títulos universitarios que no garantizaron prosperidad a sus mayores, eligen el taller, la herramienta y el oficio concreto. Impulsados por el desencanto ante promesas incumplidas y por la sombra creciente de la inteligencia artificial sobre los empleos del conocimiento, estos jóvenes buscan un trabajo que se pueda tocar, explicar y sostener. España, que invierte 236 millones en Formación Profesional y ve crecer sus matriculaciones un 46% desde 2018, parece estar e