Hace treinta y seis años, una presentadora española abordaba la castidad en televisión mientras una ola conservadora recorría Occidente; hoy, con las enfermedades de transmisión sexual disparadas un 300% en Europa y fenómenos como los incel o las trad-wifes ganando terreno político, aquel programa de 1990 resulta inquietantemente familiar. La historia no se repite exactamente, pero sus contradicciones sí: entonces como ahora, se exigía pureza a las mujeres mientras se absolvía a los hombres de cualquier reciprocidad. Lo que parecía un debate superado revela ser, en realidad, una misoginia estr