En las aguas del mar Rojo, un conflicto que muchos consideraban periférico ha revelado una verdad más profunda sobre el poder en el siglo XXI: quienes controlan los estrechos controlan el mundo. Los hutíes de Yemen, al consolidar su dominio sobre Bab el Mandeb y amenazar los oleoductos saudíes, han demostrado que los puntos de presión del sistema global pueden ser capturados por actores que las grandes potencias subestimaron durante demasiado tiempo. El canal de Suez, arteria histórica entre Europa y Asia, ya no puede darse por seguro, y los planes estratégicos de Washington y Tel Aviv en Orie