Más de 400 mil mujeres abandonaron la formalidad sin protección
En México, la promesa y la realidad coexisten en tensión: mientras el gobierno celebra a empresarias en el estrado y anuncia programas de inversión con perspectiva de género, más de 400 mil mujeres abandonaron el empleo formal en 2025 para refugiarse en la informalidad. La tasa de desocupación femenina creció 18.7% en un año en que apenas 4,637 mujeres ingresaron al empleo formal, frente a más de un millón de hombres. Es la vieja distancia entre el símbolo y la condición material, entre el acto y su consecuencia.
- La tasa de desocupación femenina creció 18.7% en 2025, una señal de alarma que contrasta con el optimismo oficial de los foros de inversión.
- Más de 400 mil mujeres migraron al sector informal, donde trabajan sin seguridad social, sin prestaciones y sin certeza contractual.
- El gobierno instaló comités de inversión en todos los estados y anunció financiamiento para Pymes lideradas por mujeres, pero el impacto en el empleo formal femenino fue casi nulo.
- Solo 4,637 mujeres se incorporaron al empleo formal durante todo 2025, mientras 1.05 millones de hombres lo hicieron en el mismo período.
- El 47.6% de la fuerza laboral femenina gana salario mínimo o menos, lo que revela que las políticas de apoyo aún no alcanzan a quienes más las necesitan.
México comenzó 2025 con una imagen poderosa: la presidenta Claudia Sheinbaum presidiendo una Reunión Nacional de Promoción de Inversiones con empresarias reconocidas en el estrado, un gesto visual que rompía con la tradición de marginar a las mujeres en estos actos. Los comités instalados en todos los estados buscaban desbloquear obstáculos reales —falta de energía eléctrica, devolución de IVA— y el mensaje era que el gobierno escuchaba al sector empresarial. Yvonne Ochoa, pionera en puestos directivos del sector financiero, presentó cifras sobre el valor de apoyar a las Pymes lideradas por mujeres, y se anunciaron nuevos programas de financiamiento con tasas preferenciales.
Pero ese mismo día, la Escuela de Negocios del ITESO publicó un análisis que contaba una historia radicalmente distinta. Durante 2025, la tasa de desocupación femenina creció 18.7%, y más de 400 mil mujeres dejaron la formalidad para incorporarse a un mercado informal donde no existe seguridad social ni estabilidad. La brecha de género en el empleo formal fue abismal: 1.05 millones de hombres ingresaron al trabajo formal, frente a apenas 4,637 mujeres.
Los datos del INEGI, analizados por el ITESO, mostraban que casi la mitad de las trabajadoras mexicanas —el 47.6%— ganaba un salario mínimo diario o menos, equivalente a no más de 9,451 pesos al mes. Las regulaciones bancarias favorables y los programas de financiamiento existían sobre el papel, pero su efecto en la vida cotidiana de la mayoría de las mujeres era prácticamente imperceptible. El contraste era inequívoco: mientras el gobierno celebraba a las empresarias exitosas en el podio, cientos de miles de mujeres tomaban la única decisión que el mercado les dejaba disponible —trabajar sin protección, sin futuro claro— y ese pendiente no podía resolverse con ningún acto ceremonial.
México está atrapado en una contradicción que se hizo evidente a principios de 2025. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum presidía una Reunión Nacional de Promoción de Inversiones donde empresarias reconocidas ocupaban los lugares de honor en el estrado—un cambio visual respecto a los actos convencionales donde las mujeres quedan al margen—los números del mercado laboral contaban una historia completamente distinta.
La iniciativa de inversiones había logrado instalar comités en todos los estados para desbloquear obstáculos que frenaban los proyectos empresariales. Carlos Candelaria, encargado de los Polos de Desarrollo en la Secretaría de Economía bajo la dirección de Marcelo Ebrard, llevaba casi un año coordinando este esfuerzo. Las peticiones de empresarios locales se acumulaban, pero un problema común emergía: la falta de energía eléctrica para nuevos proyectos. La Comisión Federal de Electricidad, dirigida por Emilia Calleja, había reconocido las solicitudes, y en los meses recientes varios comités habían avanzado en temas como la devolución del IVA, coordinados con el SAT bajo la dirección de Antonio Martínez. El mensaje era claro: si las dependencias gubernamentales escuchaban y respondían a las necesidades del sector empresarial, la confianza podría regresar y la inversión fluir.
En el encuentro presidencial, Altagracia Gómez actuó como coordinadora, y Yvonne Ochoa, una empresaria ampliamente reconocida en el sector financiero como una de las primeras mujeres en puestos directivos de alto nivel, presentó cifras sobre la importancia de apoyar a las pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres. Los anuncios de nuevos programas de financiamiento para Pymes sonaban prometedores. Incluso existía regulación aprobada años atrás que ofrecía ventajas a los bancos por prestar a mujeres, un reconocimiento de que ellas son mejores pagadoras. La esperanza era que esto se tradujera en tasas de interés más bajas.
Pero el contraste era brutal. El mismo día en que se celebraban estos anuncios, la Escuela de Negocios del ITESO publicó un análisis del mercado laboral mexicano que revelaba un panorama de empleos precarios y generación insuficiente de plazas formales. Durante 2025, la tasa de desocupación de las mujeres en la Población Económica Activa creció 18.7 por ciento. Más de 400 mil mujeres abandonaron la formalidad, migrando al mercado informal donde enfrentan vulnerabilidades extremas: sin seguridad social, sin prestaciones, sin estabilidad contractual.
Los números eran aún más desalentadores cuando se comparaban géneros. Apenas 4,637 mujeres se sumaron a la población ocupada en México durante 2025, mientras que 1.05 millones de hombres engrosaron este mismo rubro. El análisis del ITESO, basado en datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, mostraba que casi la mitad de la fuerza laboral femenina—el 47.6 por ciento—ganaba un salario mínimo diario o menos, lo que equivalía a un ingreso máximo mensual de 9,451 pesos.
Las iniciativas de apoyo a mujeres empresarias eran reales, pero su impacto en el empleo formal femenino era prácticamente invisible. Las políticas de financiamiento y las regulaciones bancarias favorables no se estaban traduciendo en estabilidad laboral para la mayoría de las mujeres mexicanas. Mientras el gobierno instalaba comités para resolver problemas de inversión y celebraba a empresarias exitosas en el podio, cientos de miles de mujeres tomaban la única decisión disponible: trabajar sin protección, sin seguridad, sin futuro claro. El mensaje de los datos era inequívoco: las mujeres mexicanas seguían siendo las que más sufrían las consecuencias negativas del mercado laboral del país, y ese era un pendiente que ningún acto ceremonial podía resolver.
Notable Quotes
Las mujeres son las que más están sufriendo las consecuencias negativas del mercado laboral del país— Análisis económico de la Escuela de Negocios ITESO
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el gobierno celebra iniciativas de apoyo a mujeres empresarias si los números muestran que el desempleo femenino creció?
Porque hay dos economías operando simultáneamente. Una es la de las mujeres que ya tienen acceso a capital, redes y educación—esas sí se benefician de programas de financiamiento. La otra es la de las 400 mil mujeres que no tenían ni siquiera eso, y que simplemente desaparecieron del sector formal.
¿Desaparecieron hacia dónde?
Al mercado informal. Venden cosas en la calle, hacen trabajos por encargo, limpian casas. Trabajo que existe, que genera ingresos, pero sin seguridad social, sin contrato, sin protección legal. Es la opción cuando no hay otra.
Pero si los bancos tienen regulación para prestar a mujeres a mejores tasas, ¿no debería eso ayudar?
La regulación existe desde hace años. El problema es que la mayoría de las mujeres desempleadas no califican para un crédito bancario. No tienen historial crediticio, no tienen garantías, no tienen ingresos formales. La regulación ayuda a quien ya está dentro del sistema.
Entonces, ¿qué necesitarían estas mujeres?
Empleo formal directo. Salarios que permitan vivir. Seguridad social. Las iniciativas de inversión y los programas de Pymes son importantes, pero si no generan suficientes puestos de trabajo formal para mujeres, el resto es teatro.
¿Y por qué no se generan esos puestos?
Eso es la pregunta que los números no responden. Pero cuando ves que 1.05 millones de hombres encontraron empleo formal y apenas 4,637 mujeres lo hicieron en el mismo período, algo está fallando sistemáticamente.