Los grandes ejecutivos españoles eligen China como primer destino de inversión

Han dejado atrás el gorro provinciano
Cómo los ejecutivos españoles han transformado su visión empresarial tras la crisis económica.

En un giro que habría parecido impensable hace apenas dos años, más de cincuenta ejecutivos de grandes multinacionales españolas han elegido China como su principal destino de inversión, desplazando por primera vez a Europa y a las economías emergentes tradicionales. Lo que comenzó como una respuesta de supervivencia ante la crisis económica doméstica se ha transformado en una estrategia ofensiva: España, forjada en la adversidad, ha descubierto que sus fortalezas en infraestructuras encajan con precisión en los grandes planes de expansión de Asia. La necesidad, una vez más, resultó ser la madre de la ambición.

  • China ocupa por primera vez el primer lugar en las preferencias de inversión de multinacionales españolas, un ascenso vertiginoso desde el décimo puesto en 2013 hasta la cima en 2015.
  • La crisis económica española no solo contrajo el mercado interno, sino que obligó a las empresas a desprenderse de lo que un directivo de EY llama el 'gorro provinciano', empujándolas hacia mercados que antes ignoraban.
  • El 50% de los ejecutivos encuestados planea buscar activamente adquisiciones en los próximos doce meses, con una de cada cuatro empresas evaluando al menos cinco operaciones simultáneas.
  • En España, sin embargo, las grandes operaciones están congeladas: el ciclo electoral de 2015 ha paralizado los sectores regulados como energía, banca e infraestructuras, a la espera de un escenario político estable.
  • A pesar de la incertidumbre política, el 75% de los ejecutivos espera que la economía española siga mejorando, una confianza que triplica la registrada apenas un año antes.

A mediados de 2015, un informe de EY reveló algo sin precedentes: más de cincuenta ejecutivos de grandes empresas españolas —con facturaciones de entre 500 millones y 5.000 millones de euros— habían elegido China como su principal destino de inversión para los próximos meses. Era la primera vez que el gigante asiático encabezaba el barómetro trimestral de la consultora, dejando atrás a Brasil, Estados Unidos e India. Ningún país europeo, salvo España misma, figuraba entre las prioridades.

El ascenso de China en estas preferencias fue meteórico: del décimo puesto en 2013 al quinto en 2014, y a la cima en el primer trimestre de 2015. La explicación tiene dos dimensiones. La primera es la crisis: la contracción de la economía española obligó a las empresas a buscar oportunidades fuera de sus fronteras, en un proceso que Rafael Roldán, socio director de transacciones de EY, describe como un cambio cultural profundo. La segunda es estratégica: China e India tienen planes masivos de inversión en infraestructuras, y los grupos españoles del sector son líderes mundiales con experiencia exactamente en lo que estos mercados necesitan.

Los números reflejan una mentalidad ofensiva: el 50% de los ejecutivos buscará adquisiciones activamente en el próximo año, una de cada cuatro empresas evalúa al menos cinco compras simultáneas, y el 75% confía en la mejora económica de España, frente al 37% que pensaba lo mismo un año antes.

En el frente doméstico, sin embargo, el panorama es más cauteloso. El año electoral —con comicios municipales, autonómicos y generales— ha paralizado las grandes operaciones en sectores regulados como energía, banca y medios. Maite Ballester, asesora sénior de EY, matiza que lo que realmente inquieta a los inversores no es el cambio político en sí, sino la posibilidad de que la inestabilidad normativa —subidas de impuestos, reversión de reformas laborales— nuble el horizonte regulatorio. Aun así, tanto Roldán como Ballester coinciden: la mejora económica general pesa más que la incertidumbre política.

Lo que emerge es el retrato de una España corporativa que aprendió a mirar lejos porque no tuvo otra opción, y que ahora convierte esa mirada en acción. Para estos ejecutivos, China ya no es un destino exótico: es donde creen que está el futuro de sus negocios.

A poco más de cincuenta ejecutivos de grandes empresas españolas han puesto sus ojos en China. No es un dato menor. Estas son compañías que facturan entre 500 millones y 5.000 millones de euros, y según un informe publicado por EY a mediados de 2015, todas ellas coinciden en algo: China es ahora el destino donde planean invertir en los próximos meses. Es la primera vez en la historia del barómetro trimestral que la consultora elabora que el gigante asiático ocupa el primer lugar en las preferencias de los ejecutivos españoles.

Hasta hace poco, esto habría resultado impensable. En 2013, China apenas figuraba entre los destinos preferidos; ocupaba el décimo puesto. Un año después, en 2014, había ascendido al quinto. Ahora, en el primer trimestre de 2015, está en la cima. Detrás quedan Brasil, Estados Unidos e India. Ningún país europeo, excepto España misma, aparece en la lista de prioridades de inversión de estas multinacionales españolas. El cambio es sísmico.

La explicación tiene dos caras. La primera es la crisis. Durante los últimos años, la economía española se ha contraído, y las empresas han tenido que buscar oportunidades fuera de sus fronteras. No fue una elección romántica, sino una necesidad. Rafael Roldán, socio director de transacciones de EY, lo resume así: las compañías españolas han experimentado un cambio cultural profundo. Han dejado atrás lo que él llama el "gorro provinciano". La segunda razón es más estratégica: China e India tienen planes masivos de inversión en infraestructuras, y aquí es donde España posee una ventaja competitiva real. Los grupos españoles de infraestructuras son líderes mundiales, y saben que estos mercados emergentes necesitan exactamente lo que ellos saben hacer.

Los números reflejan esta mentalidad ofensiva. El 50% de los ejecutivos encuestados dice que buscará activamente adquisiciones en los próximos doce meses. Una de cada cuatro empresas está evaluando al menos cinco compras en ese mismo período. El 75% cree que la economía española seguirá mejorando, una cifra que contrasta fuertemente con hace un año, cuando solo el 37% pensaba lo mismo. Los sectores donde se concentran estas operaciones son la industria y la tecnología.

Pero hay un freno doméstico. En España, las grandes operaciones están congeladas. El año 2015 es electoral: hay comicios municipales, autonómicos y generales previstos. La incertidumbre política ha paralizado los movimientos en sectores regulados como infraestructuras, energía, medios y banca. Roldán advierte que hasta que no haya un escenario político estable, no veremos operaciones de gran valor económico en estos sectores, aunque sí en el mercado de empresas de tamaño medio.

Ahora bien, no todos ven la incertidumbre electoral como un obstáculo insuperable. Roldán rechaza los pronósticos derrotistas. Estar en la zona euro tiene sus ventajas, dice, y los cambios políticos pueden traer transparencia. Las promesas electorales son una cosa; la realidad de negociar y gestionar es otra. Maite Ballester, asesora sénior de EY y expresidenta en España de la sociedad de capital riesgo 3i, va más allá: lo que realmente preocupa a los grandes inversores no es el cambio político en sí, sino la posibilidad de que haya tal inestabilidad que el marco normativo deje de ser claro. Subidas de impuestos de sociedades, reversión de reformas laborales, falta de certidumbre regulatoria: eso sí afectaría las decisiones. Pero la mejora económica general pesa más en la balanza que la incertidumbre política.

Lo que emerge de este retrato es una España corporativa que ha aprendido a mirar lejos. La crisis la obligó a ello. Ahora, con señales de recuperación económica, esa mirada se ha convertido en acción. China no es un destino exótico para estos ejecutivos; es el lugar donde creen que está el futuro de sus negocios.

Las empresas españolas tienen avidez de salir fuera, de hacer operaciones en mercados emergentes como China e India
— Rafael Roldán, socio director de transacciones de EY
Las grandes operaciones en España están pendientes ante la incertidumbre que provoca un proceso electoral
— Rafael Roldán, EY
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué China de repente? ¿Qué cambió entre 2014 y 2015?

Model

La crisis fue el catalizador. Las empresas españolas no tenían opción: el mercado doméstico se había contraído, así que tuvieron que buscar crecimiento afuera. China estaba ahí, con planes de infraestructuras masivos, y España tiene empresas que saben construir eso mejor que casi nadie.

Inventor

Pero ¿no es arriesgado? China es un mercado complicado, con regulaciones opacas.

Model

Claro que hay riesgo. Pero para una empresa española en 2015, el riesgo de quedarse en casa era mayor. Y además, no es que estén yendo a ciegas. Los grupos de infraestructuras españoles ya tienen experiencia internacional. Saben cómo moverse.

Inventor

¿Y qué pasa con las elecciones? Parece que eso está frenando todo en España.

Model

Sí, pero solo en ciertos sectores. Los regulados, los que dependen de decisiones políticas. Pero el 50% de los ejecutivos sigue buscando adquisiciones. No es que todo esté paralizado; es que están siendo selectivos.

Inventor

¿Entonces la incertidumbre política no es tan grave como parece?

Model

Depende de qué tipo de cambio político hablemos. Si hay reformas laborales reversibles o subidas de impuestos, eso sí duele. Pero un cambio de gobierno en sí, dentro de la zona euro, no es lo que más asusta. Lo que asusta es la falta de claridad sobre las reglas del juego.

Inventor

¿Esto significa que España está finalmente recuperándose?

Model

Los números sugieren que sí. El 75% de los ejecutivos cree que la economía va a mejorar. Hace un año era el 37%. Eso es un cambio de mentalidad real. La crisis los obligó a internacionalizarse, y ahora que ven luz, están invirtiendo en serio.

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