Desde una observación casi casual —un paciente mirando árboles por una ventana— la medicina ha llegado a reconocer que el entorno natural no es un lujo, sino una herramienta terapéutica. Hospitales en Londres, Buenos Aires y más allá están integrando jardines, terrazas y microbosques en sus estructuras, respondiendo a décadas de evidencia científica que vincula la naturaleza con recuperaciones más rápidas, menos analgésicos y mayor serenidad. Este movimiento no cambia lo que los médicos hacen, sino el mundo en el que lo hacen.