En el umbral de una nueva temporada de Euroliga, siete entrenadores españoles ocupan el 35% de sus banquillos, una cifra sin precedentes que no es fruto del azar sino de décadas de cultura táctica, juego colectivo y una generación de técnicos dispuesta, por primera vez, a cruzar fronteras. Lo que antes era un talento que se quedaba en casa se ha convertido en una exportación continental, y el baloncesto europeo, en este momento singular, habla en español.