En la recta final de una legislatura que se fragmenta, el Gobierno español lleva a votación urgente dos decretos de vivienda sin la certeza del apoyo de sus propios socios de investidura. Lo que comenzó como una respuesta a la crisis habitacional —impulsada en parte por el rostro humano del desahucio de Maricarmen Abascal— se convierte en un ejercicio de aritmética parlamentaria incierta, donde cada voto es una incógnita y la mayoría que en su día refrendó a Sánchez se ha atomizado hasta el punto de que gobernar se parece cada vez más a improvisar.
Los decretos de vivienda llegan al Congreso sin apoyo garantizado de sus socios
Mirad al marcador de las votaciones
¿Por qué el Gobierno decide arriesgar todo esto sin tener los votos asegurados?
Porque la presión social es real. El caso de Maricarmen Abascal ha movilizado a la gente, y el Gobierno cree que sus socios no pueden justificar públicamente un voto en contra de protecciones contra desahucios. Es una apuesta política.
Pero ¿qué pasa si pierden? ¿Tienen un plan B?
No parece que lo tengan. Las fuentes del Ejecutivo hablan con resignación asumida. Saben que la mayoría de investidura está rota, pero creen que en el primer decreto no pueden perder.
¿Y Junts? ¿Qué quieren?
Eso es lo que nadie sabe. Solo dicen que mires el marcador de votaciones. No anticipan nada, no negocian de forma clara. Es su forma de mantener el poder.
Pero eso es información incompleta. ¿Realmente no saben qué hará Junts, o es que Junts está esperando a ver cómo vota el resto?
Probablemente ambas cosas. Junts ha roto con el Gobierno hace un año y no tiene incentivos para ser predecible.
¿Y Podemos?
Podemos pide un decreto único, expropiaciones de fondos buitres, cosas que el Gobierno no va a hacer. Pero sus cuatro votos son indispensables. Belarra dice que serán una herramienta en manos de la gente que se moviliza.
Eso suena a que todavía no han decidido. ¿Hay alguna fuente que diga explícitamente que votarán a favor o en contra?
No. Eso es lo que hace esto tan frágil. El Gobierno espera que Podemos no se desmarque, pero sin ninguna seguridad.
¿Cuál es el escenario más probable?
Que el primer decreto pase por poco, con Junts y Podemos votando a favor bajo presión política. El segundo decreto probablemente caiga.
¿Y eso qué significa para el Gobierno?
Que gana algo, pero no todo. Y que la mayoría de investidura sigue erosionándose.
O Pulso
- El Gobierno admite que ninguno de los dos decretos de vivienda tiene el respaldo asegurado, y aun así los lleva al Congreso en una apuesta que sus propios interlocutores califican de arriesgada e inevitable.
- Junts responde a cada consulta con la misma frase enigmática —'mirad el marcador'— mientras Podemos exige un decreto único y amenaza con convertir sus cuatro votos en una herramienta de presión ciudadana, no gubernamental.
- La oposición suma 171 noes prácticamente garantizados, y la mayoría de investidura al completo apenas alcanzaría 179, dejando el margen de maniobra en un filo que cualquier abstención puede romper.
- El caso de Maricarmen Abascal ha movilizado a la ciudadanía en la Puerta del Sol y ha cargado el debate de una urgencia moral que los partidos invocan pero no traducen en votos concretos.
- Socios como ERC y BNG votan a favor con resignación pragmática, reconociendo las insuficiencias del texto pero eligiendo el parche sobre el desamparo, en una legislatura donde la épica de las derrotas totales ya no se puede costear.
En la recta final de una legislatura que se fragmenta, el Gobierno español lleva a votación urgente dos decretos de vivienda sin la certeza del apoyo de sus propios socios de investidura. Lo que comenzó como una respuesta a la crisis habitacional —impulsada en parte por el rostro humano del desahucio de Maricarmen Abascal— se convierte en un ejercicio de aritmética parlamentaria incierta, donde cada voto es una incógnita y la mayoría que en su día refrendó a Sánchez se ha atomizado hasta el punto de que gobernar se parece cada vez más a improvisar.
El Gobierno aprobó el martes en Consejo de Ministros dos decretos sobre vivienda y los convocó a votación urgente para el viernes en el Congreso. El primero protege contra desahucios hasta 2030 y ofrece ayudas a propietarios; el segundo prorroga automáticamente los contratos de alquiler. Pero fuentes del propio Ejecutivo reconocen que ninguno de los dos textos tiene el apoyo garantizado. Es, dicen, una apuesta arriesgada e inevitable en la recta final de una legislatura que se desmorona.
Junts, cuyos siete votos son decisivos, no ha adelantado su posición y responde siempre con la misma advertencia: que el Gobierno observe el marcador de votaciones. Podemos tampoco ha aclarado su voto. Ione Belarra acusó al Ejecutivo de dividir los decretos con una estrategia de divide y vencerás, exigió un texto único que incluya expropiaciones de pisos de fondos buitres y anunció que sus cuatro diputados actuarán como herramienta de la ciudadanía movilizada, no del Gobierno. Esa rectificación no llegará.
La aritmética es angosta. PP, Vox y UPN suman 171 noes seguros. Los síes más o menos comprometidos apenas alcanzan 168, entre ellos los del PSOE, Sumar, ERC, EH Bildu, PNV y BNG. Coalición Canaria aún no había recibido los textos el martes por la tarde. El Gobierno confía en que rechazar el primer decreto sería políticamente indefendible para sus socios, pero da por perdido el segundo.
El caso del desahucio de Maricarmen Abascal ha dado rostro humano a la crisis y ha motivado movilizaciones del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos. Varios ministros interpelaron al PP a no contradecir sus propias propuestas parlamentarias, y Félix Bolaños llegó a emplazar a los populares a no dejar en la calle a Maricarmen. Mientras tanto, Gabriel Rufián y Néstor Rego votarán a favor con resignación: prefieren un parche imperfecto a dejar a la gente desprotegida. El viernes será otra jornada frenética en una legislatura que ya no puede permitirse la épica de las derrotas totales.
El Gobierno lleva semanas negociando con sus socios de investidura dos decretos sobre la crisis de vivienda que aprobó el martes en Consejo de Ministros y que pretende someter a votación de urgencia el viernes en el Congreso. Pero según admiten fuentes del Ejecutivo, ninguno de los dos textos está asegurado. Es, en palabras de esos interlocutores gubernamentales, una apuesta arriesgada e inevitable para la recta final de una legislatura que se desmorona.
Los decretos protegen contra desahucios hasta 2030 y establecen ayudas a propietarios en el primero; el segundo prolonga automáticamente los contratos de alquiler. El Gobierno confía en que rechazar el primero sería políticamente indefendible para sus socios. Pero da por descontada la derrota del segundo. Junts, cuyo voto es crítico, solo ha dejado un consejo al Ejecutivo: mirad el marcador de las votaciones. Podemos tampoco ha aclarado su posición. La mayoría de investidura lleva meses bloqueada. Hace un año que Junts rompió sus relaciones con el Gobierno y no anticipa nunca su voto. Podemos dejó de ser predecible hace tiempo y expresa críticas cada vez más duras a cualquier iniciativa de La Moncloa.
El caso del desahucio de Maricarmen Abascal ha generado una conexión emocional que ha calado en la calle y ha motivado movilizaciones convocadas por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos. El Gobierno contaba con escenarios parlamentarios inciertos para esta fase final de la legislatura, pero ese terreno se ha precipitado. Interlocutores frecuentes del Ejecutivo con Junts y Podemos lo expresan con resignación asumida: no hay otra opción, sabían que este momento llegaría. Cuando preguntan a Junts qué harán, la respuesta es siempre la misma: mirad al marcador.
Ione Belarra, secretaria general de Podemos, suele acusar al Ejecutivo de Pedro Sánchez de haberse entregado a la derecha. El martes en el Congreso tampoco quiso adelantar el voto de los cuatro diputados de Podemos, tan indispensables como todos los demás que hace tres años refrendaron la investidura de Sánchez. Esa ecuación se ha repetido muy poco en los últimos meses y esos grupos se han atomizado aún más. Por la mañana, Belarra pidió que los decretos no se fragmentasen y se apuntó a las demandas máximas del sindicato, con expropiaciones de pisos de fondos buitres incluidas. Por la tarde remachó que sus cuatro votos serán una herramienta en manos de la gente que se moviliza en la puerta del Sol e insistió en que el Gobierno había dividido los decretos en una estrategia de divide y vencerás que no funcionará porque la gente ve la trampa. Exigió una rectificación y un decreto único, algo que no ocurrirá.
La aritmética es complicada. PP, Vox y UPN, más Javier Ortega Smith del Grupo Mixto, cuentan con 171 noes seguros. El PP rechaza frontalmente el modelo de regulación e intervencionismo del Gobierno sobre el mercado de vivienda y se queja de que nadie les ha llamado para hablar. El Ministerio de Vivienda tampoco ha contactado con Vox porque da esos apoyos por imposibles. La mayoría de investidura al completo alcanzaría 179 votos, pero esa meta no está clara. Por ahora solo están más o menos comprometidos 168 síes: los 121 del PSOE, 26 de Sumar, siete de ERC, seis de EH Bildu, cinco del PNV, uno del BNG, otro de Águeda Micó y el posible de Coalición Canaria, que aún no lo ha materializado porque aunque pidió los decretos toda la tarde del martes no los había conseguido recibir.
Junts sigue sin decantarse. Fuentes de su cúpula insistieron el martes por la tarde en el mismo recelo que habían expresado por la mañana: hasta que no tengan los textos definitivos no harán ninguna valoración, porque aunque el Gobierno ha explicado que tiene un acuerdo, en ese momento todavía no tenían ningún texto cerrado. Siete votos en el aire. El Ejecutivo cuenta con ellos para el primer decreto. Varios componentes del Gobierno aprovecharon sus plataformas para interpelar al PP a que no se enmiende a sí mismo y rechace propuestas en favor de propietarios o inquilinos que ha introducido en proyectos registrados en el Parlamento. Félix Bolaños llegó tan lejos como para emplazar a los populares a prestarse a quitar algo de poder a los que tienen demasiado y dar algo a los que no tienen nada y no dejar en la calle a Maricarmen.
La desafección de algunos socios de izquierdas con el fondo y las maneras con que el Gobierno ha tratado esta crisis la resumieron bien los portavoces de ERC y BNG. Gabriel Rufián lamentó que no era suficiente lo acordado pero prefirió subrayar que lo útil es ser pragmático con victorias parciales antes que la épica de las derrotas totales. Néstor Rego suspendió al Gobierno por fragmentar los decretos pero asumió el voto a favor: si hay que escoger entre un parche y dejar la gente desprotegida, el BNG votará a favor de proteger la ciudadanía. El viernes será otra jornada frenética llena de incertidumbres, cada vez más frecuentes en esta legislatura taquicárdica.
Citações Notáveis
Hemos hecho una apuesta— Fuentes del Ejecutivo
Mirad al marcador de las votaciones— Junts al Gobierno
Si hay que escoger entre un parche y dejar la gente desprotegida, el BNG votará a favor de proteger la ciudadanía— Néstor Rego, portavoz del BNG