Conservantes en alimentos ultraprocesados aumentan riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares

El consumo generalizado de conservantes aumenta significativamente el riesgo de infarto de miocardio, ictus y angina en millones de consumidores de alimentos ultraprocesados.
El 99,5 por ciento consumió al menos un conservante sin saberlo
Hallazgo central del estudio francés que muestra la exposición inevitable a aditivos en la dieta moderna.

Durante décadas, la ciencia sospechaba que los conservantes en los alimentos ultraprocesados no eran inocuos para el corazón, pero faltaba la evidencia a gran escala para confirmarlo. Ahora, un equipo de investigadores franceses ha analizado los hábitos alimentarios de más de 112.000 personas durante casi una década, y los resultados sitúan ocho aditivos comunes —presentes en casi todo lo que comemos— en el centro de un riesgo cardiovascular medible y significativo. El hallazgo no es solo una advertencia para los consumidores, sino un llamado urgente a los reguladores de Europa y Estados Unidos a reexaminar lo que consideran seguro.

  • Un estudio publicado en el European Heart Journal revela que quienes consumen más conservantes antioxidantes tienen un 29% más de riesgo de hipertensión y un 16% más de riesgo de infarto, ictus o angina.
  • El 99,5% de los más de 112.000 participantes ya consumía al menos un alimento con conservantes, lo que convierte esta exposición en un problema de salud pública casi universal.
  • Ocho aditivos identificados —entre ellos el nitrito de sodio, el sorbato de potasio y el ácido ascórbico— no son ingredientes exóticos: aparecen en cientos de miles de productos de consumo diario.
  • Los investigadores señalan que estos conservantes podrían generar estrés oxidativo y alterar la función pancreática, mecanismos que explicarían el daño cardiovascular observado.
  • Ante los hallazgos, expertos exigen que las autoridades sanitarias reevalúen los aditivos actualmente permitidos, mientras recomiendan a los consumidores priorizar alimentos sin procesar.

Durante años, la comunidad científica intuía que ciertos conservantes alimentarios podían dañar el corazón, pero la evidencia era fragmentada. Eso cambió con un estudio dirigido por Mathilde Touvier del Instituto Francés de Salud e Investigación Médica y Anaïs Hasenböhler de la Universidad de la Sorbona, quienes analizaron los datos de más de 112.000 personas en Francia a lo largo de siete u ocho años. Cada seis meses, los participantes registraban con detalle todo lo que habían comido durante tres días consecutivos, permitiendo a los investigadores rastrear conservantes específicos y su relación con la salud cardiovascular.

Lo que encontraron fue casi inevitable: el 99,5% de los participantes había consumido al menos un alimento con conservantes en los primeros dos años del estudio, reflejo de cuánto dominan los ultraprocesados la dieta contemporánea. Al cruzar esos datos con los registros de salud, los números resultaron inequívocos: mayor consumo de conservantes antioxidantes se asoció con un 29% más de riesgo de hipertensión y un 16% más de riesgo de enfermedad cardiovascular, incluyendo infarto de miocardio, ictus y angina.

De los 17 conservantes más comunes analizados, ocho mostraron vínculos directos con la presión arterial elevada: sorbato de potasio, metabisulfito de potasio, nitrito de sodio, ácido ascórbico, ascorbato de sodio, eritorbato de sodio, ácido cítrico y extractos de romero. El ácido ascórbico, además, apareció asociado directamente con la enfermedad cardiovascular. Ninguno de ellos es raro o difícil de encontrar; están en productos que millones de personas compran sin leer la etiqueta.

Los investigadores reconocen las limitaciones propias de un estudio observacional, pero destacan la profundidad y el volumen de los datos, así como el control riguroso de otros factores de riesgo. La hipótesis biológica es coherente: los conservantes parecen inducir estrés oxidativo y afectar la función pancreática, lo que derivaría en presión arterial más alta y mayor vulnerabilidad cardíaca. La conclusión es clara: si casi todos consumimos estos aditivos y estos aditivos elevan el riesgo de infarto y de ictus, tanto los reguladores como los consumidores tienen razones urgentes para actuar.

Hace poco más de una década, los investigadores sabían que ciertos aditivos alimentarios podían ser problemáticos para el corazón. Pero nadie había reunido la evidencia suficiente para demostrar exactamente cómo y cuánto daño causaban. Ahora, un equipo de científicos franceses ha cerrado esa brecha, y los números son preocupantes: el consumo habitual de conservantes en alimentos ultraprocesados aumenta el riesgo de infarto, ictus y angina, además de elevar la presión arterial de manera significativa.

El estudio, publicado en la revista European Heart Journal y dirigido por Mathilde Touvier del Instituto Francés de Salud e Investigación Médica, junto con Anaïs Hasenböhler de la Universidad de la Sorbona, analizó datos de más de 112.000 personas en Francia durante siete u ocho años. Cada seis meses, los participantes reportaban detalladamente qué habían comido y bebido durante tres días consecutivos. Los investigadores luego desmenuzaban los ingredientes de cada producto, identificando conservantes específicos y rastreando la salud cardiovascular de cada persona a lo largo del tiempo. Es, según Hasenböhler, el primer estudio de esta envergadura que examina el vínculo entre un amplio espectro de conservantes y la salud del corazón.

Lo que encontraron fue casi universal: el 99,5 por ciento de los participantes había consumido al menos un alimento con conservantes durante los primeros dos años del estudio. Eso no es sorpresa en una sociedad donde los ultraprocesados dominan los estantes de los supermercados. Pero cuando los científicos analizaron la relación entre la cantidad de conservantes antioxidantes consumidos y el riesgo cardiovascular, los números se volvieron claros. Las personas que consumían las mayores cantidades de estos conservantes tenían un riesgo 29 por ciento más alto de desarrollar hipertensión comparadas con quienes consumían menos. El riesgo de enfermedad cardiovascular en general —incluyendo infarto de miocardio, ictus y angina— aumentaba un 16 por ciento.

Al examinar 17 de los conservantes más comunes en productos alimentarios, los investigadores identificaron ocho que estaban directamente vinculados con la presión arterial elevada: sorbato de potasio, metabisulfito de potasio, nitrito de sodio, ácido ascórbico, ascorbato de sodio, eritorbato de sodio, ácido cítrico y extractos de romero. El ácido ascórbico, además, mostró una conexión directa con la enfermedad cardiovascular. Estos no son aditivos exóticos o raros. Son ingredientes que aparecen en cientos de miles de productos que la gente compra y consume sin pensarlo dos veces.

Touvier reconoce que el estudio tiene limitaciones inherentes a su diseño, pero subraya que los hallazgos se basan en datos extraordinariamente detallados y que los investigadores controlaron por otros factores que podrían aumentar o disminuir el riesgo cardiovascular. La teoría subyacente tiene sentido: los estudios experimentales sugieren consistentemente que los conservantes pueden generar estrés oxidativo en el cuerpo y afectar la forma en que funciona el páncreas. Eso, a su vez, puede traducirse en presión arterial más alta y mayor vulnerabilidad a eventos cardíacos.

Los hallazgos apuntan a una conclusión incómoda para los reguladores: las autoridades en Europa y Estados Unidos necesitan reevaluar los riesgos y beneficios de los aditivos alimentarios que actualmente están permitidos. Mientras tanto, el mensaje para los consumidores es más simple: priorizar alimentos sin procesar o mínimamente procesados, y evitar los aditivos siempre que sea posible. Los médicos y otros profesionales de la salud tienen un papel crucial en comunicar estas recomendaciones al público. Porque si casi todos estamos comiendo conservantes, y esos conservantes están aumentando nuestro riesgo de infarto y ictus, entonces algo tiene que cambiar.

Es el primer estudio de este tipo que ha investigado los vínculos entre un amplio espectro de conservantes y la salud cardiovascular
— Anaïs Hasenböhler, Universidad de la Sorbona
Los hallazgos indican que es necesario que las autoridades lleven a cabo una reevaluación de los riesgos y beneficios de los aditivos alimentarios
— Mathilde Touvier, Instituto Francés de Salud e Investigación Médica
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué tardó tanto en hacerse un estudio así? Parecería obvio investigar esto hace años.

Model

Porque los conservantes se consideraban seguros en las dosis permitidas. Había sospechas, pero no había suficiente evidencia sistemática. Este estudio es el primero que reúne a más de 112.000 personas durante años, rastreando exactamente qué comen y qué les pasa después.

Inventor

¿Y el 99,5 por ciento de la gente consumió conservantes? Eso suena inevitable.

Model

Lo es. No es que la gente esté eligiendo mal. Es que los conservantes están en casi todo lo que no es fruta o verdura fresca. Pan, lácteos, carnes procesadas, salsas, bebidas. Son omnipresentes.

Inventor

Pero un aumento del 29 por ciento en hipertensión, ¿eso es mucho?

Model

Es significativo. Significa que si tomas dos grupos idénticos de personas, el grupo que consume más conservantes tendrá casi un tercio más de casos de presión arterial elevada. Multiplicado por millones de consumidores, son muchas personas en riesgo.

Inventor

¿Entonces deberíamos eliminar todos estos conservantes?

Model

El estudio sugiere que las autoridades necesitan reevaluar si los beneficios de tener alimentos que duren más tiempo en el estante valen la pena frente al riesgo cardiovascular. No es una respuesta simple, pero los números dicen que algo tiene que cambiar.

Inventor

¿Y la gente puede hacer algo ahora, mientras esperamos que los reguladores actúen?

Model

Sí. Comer menos ultraprocesados. Buscar alimentos frescos o mínimamente procesados. No es fácil ni accesible para todos, pero es lo que la evidencia sugiere.

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